LA
SEXUALIDAD VIOLENTADA. Lic. Virginia
Martínez Verdier
En
los tiempos que estamos viviendo son noticias casi cotidianas las
relacionadas
con la violencia sobre la sexualidad. Cómo es posible que ambos
se unan, cuando
la sexualidad se refiere intrínsicamente a la vida.
La sexualidad es una energía vital,
que nos acompaña a lo largo de toda la vida, se expresa de
diferentes maneras
en cada etapa evolutiva. Se desarrolla a través de dimensiones
biológicas,
psicológicas, sociales y culturales, las cuales se
interrelacionan
constantemente.
Cumple
con dos funciones básicas, una reproductiva y otra
placentera, por lo
cual tiende a la conservación de la especie, pero también
a la preservación del
individuo. En este sentido, no es una preservación
biológica, ya que no morimos
si no ejercemos nuestra sexo-genitalidad, como sí sucede si no
desarrollamos
las demás funciones fisiológicas básicas. Pero, la
sexualidad cumple también
con necesidades psicológicas básicas: estructurar
nuestra identidad, dar
y recibir afecto, comunicarnos, pertenecer a un grupo, así como
actuar como
antidepresivo, somnífero, como elemento de lucha de poder en una
pareja, etc.
El desarrollo sano
de la sexualidad permite
estructurar una identidad coherente, dar y recibir afecto, elevar la
autoestima
y sentirse perteneciente a un grupo social. La capacidad de sentir
placer implica la articulación
entre los impulsos y
la conciencia acompañada por el respeto, la responsabilidad, el
cuidado del
otro y el autocuidado. El aprendizaje de esta articulación se
realiza a lo
largo de toda la vida, sin embargo, las experiencias de la
niñez y la adolescencia dejan marcas
fundamentales en la estructuración de la salud sexual personal y social.
"Salud sexual
es la integración de los aspectos afectivos, somáticos e
intelectuales del ser
sexuado, de modo tal que de ella derive el enriquecimiento y el
desarrollo de
la persona humana, la comunicación
y el
amor." ORGANIZACION MUNDIAL DE LA SALUD. 1974
La sexualidad también es utilizada por las
diversas culturas para cumplir con funciones específicas.
En nuestro
tiempo y nuestra sociedad, forma parte del consumismo, se la mecaniza y
comercializa.
Con respecto a la violencia, debemos
diferenciar la agresión patológica de la que es una
manifestación de la vida.
La agresión patológica, o violencia
propiamente dicha, corresponde al impulso relacionado con la
muerte; es una
energía apremiante y repetitiva, que exalta el odio y la
crueldad y cuyo
objetivo es el placer de la destrucción.
La violencia surge en las personas como
antídoto contra la monotonía, contra la falta de
seguridad interna y externa,
como manera de ser reconocido, aunque sea negativamente o como
manifestación de
venganza. Todas estas motivaciones son agujeros negros de la
personalidad de
esos sujetos que sufrieron severas frustraciones durante la infancia.
De este
tema nos ocuparemos con mayor detalle en la próxima nota.
La agresión sana es una energía
necesaria para el mantenimiento de la vida individual y de la especie.
Tomemos
como ejemplo al acto de comer, ya que necesitamos indispensablemente
destruir
el alimento para incorporarlo a nuestro organismo. También el
oposicionismo
necesario para la reafirmación de nuestra identidad, implica la
agresión.
Por lo tanto, para ir hacia los otros sin
temor de que nos dañen porque sabemos defendernos del mundo
externo necesitamos
movilizar nuestra agresión.
En todas las especies animales los impulsos
agresivos y sexuales se entrecruzan en variadas proporciones. Por
ejemplo
en la rivalidad y los celos.
En cuanto a la agresión sana, sabemos que
para la consecusión del placer es necesaria su relación
con la sexualidad, y
que no implica deseo de hacer daño. Fisiológicamente
existen semejanzas entre
la manifestación agresiva y la sexual.
El acto sexual habitual está matizado por un
componente agresivo en su desarrollo, necesario para su
consumación, por
ejemplo en la posesión que hace el varón de la mujer.
También podemos
observarlo durante el juego sexual, cuando aumenta la tensión de
las caricias y
los besos. Sin este aumento de tensión el placer no se produce.
La desinhibición de la agresión lúdica
libera
la excitación sexual, la cual luego del climax va neutralizando
progresivamente
el componente hostil.
Las fantasías sexuales y las conductas
expresadas durante el encuentro sexual suelen tener elementos agresivos
que
estimulan el erotismo. Por ejemplo, el uso de determinadas palabras
que, en ese
momento resultan estimulantes, y que fuera de la situación de
intimidad pueden
resultar francamente ofensivas.
En un círculo vicioso, la inhibición de la
agresión sana inhibe diferentes áreas de la conducta. En
la sexualidad, la
inhibición de fantasías y conductas suele conducir a
perturbaciones sexuales.
Estas pueden manifestarse de diversas formas:
tener dificultades para cortejar
o entablar relación con otra persona, expresar un miedo
irracional al contacto
(fobias sexuales), aparición de las disfunciones sexuales
conocidas
(anorgasmia, impotencia, eyaculación precoz, vaginismo, etc.)
Así
mismo, las personas con dificultades sexuales,
que no lograron canalizar su agresión sana, suelen mantener una
relación huraña
y rencorosa con los otros y consigo mismas. En estos casos, manifiestan
su
agresión pero desde el plano de la insatisfación.
Recalquemos:
es necesario diferenciar entre lo saludable y lo patológico,
lo aceptable y
lo inaceptable sexualmente,
Cuál es la frontera entre la agresión
sana y la violencia?
Cuándo
una conducta sexual es "normal"?
Aquí deberíamos
considerar diversos puntos de análisis, como la normalidad desde
la
estadística, según los comportamientos en las especies
animales, diferencias en
las diversas culturas y épocas históricas, así
como en las distinto sociedades
y clases sociales. La evaluación de cada uno de estos
parámetros determinará
distintos niveles de normalidad para cada uno de ellos.
Igualmente podemos dar una respuesta: una conducta
sexual es aceptable cuando es acordada entre individuos adultos y
no
implica daño. Por lo tanto, no debe incluir menores, ni forzar
la intimidad del
otro.
En este sentido, hasta una simple caricia,
cuando es impuesta sin el consentimiento del otro, implica un abuso,
una
violación de la intimidad. Aunque las actitudes violentas puedan
entenderse
desde la patología de la personalidad de quien la ejerce, no
puede consentirse,
ya que la persona sabe que hacer daño es un delito.
Violencia sexual en adultos: parejas
violentas, violación, acoso.
Violencia sexual en menores:
violación, abuso, prostitución, turismo sexual,
pornografía (videos, películas,
revistas, internet.
La relación entre la sexualidad y la violencia
o agresión patológica, nos lleva a reflexionar
acerca de la estructuración
del mapa erótico de cada persona.
Los seres humanos, durante los primeros ocho
años de vida construimos una estructura mental que representa al
amante
idealizado y a la actividad sexual y erótica involucrada en
dicha
circunstancia. Esta construcción se
efectúa en relación a las experiencias vitales de esos
primeros años.
Es así que la mayoría de las personas construyen
un mapa de amor dentro de lo habitualmente esperado, que tiene
similitudes con los de los demás y que busca el placer a
través de diversas
actividades eróticas no exclusivas para el logro de ese placer y
que no
implican deseo de daño propio ni a otros.
Cuando un niño vive situaciones sexuales
traumáticas durante sus primeros ocho años, se
distorsiona su mapa de amor,
dando tres resultados posibles en su vida adulta:
- Hipofilia
(atenuación de la actividad sexual, generalmente se observa en
las mujeres).
- Hiperfilia (exasperación de la
actividad sexual).
- Parafilia
o perversión
(necesidad de conductas diferentes, únicas y exclusivas para
alcanzar el
placer). Estos dos últimos generalmente observados en los
varones.
Un niño cuyo mapa de amor fue traumatizado a
través del abuso, la violencia y el maltrato sexual, es una
víctima que luego
victimizará a otros o a sí mismo, y que no podrá
dejar de hacerlo. Sufre
compulsivamente de la necesidad de llevar a cabo determinadas conductas
sexuales para lograr placer, si no, no lo logra.
Las parafilias son variantes sexuales
en las cuales el individuo necesita de manera imperiosa y exclusiva
realizar
una conducta determinada para cumplir con una respuesta sexual
satisfactoria.
Estas variantes pueden ser sociales o asociales, inocuas para el sujeto
o los
demás o perjudiciales para sí mismo o los otros.
La parafilia no es una
degeneración en el sentido de que el sujeto va
degenerándose paulatinamente. Es
efecto de un modelo mental o mapa del amor -construído durante
la infancia- que
en respuesta a la negligencia, supresión o traumatización
de sus formaciones
normales se ha desarrollado con distorsiones. De otra manera no se
hubiera
vandalizado. Por ello es que son muy difíciles de modificar.
El Mapa del
amor se vandaliza como respuesta a:
ü Negligencia
ü Carencia
ü Traumatización por
Castigos
Ofensas
Disciplina abusiva
Introducción precoz a la
sexualidad adulta
POR PARTE DE LOS ADULTOS
La
parafilia tiene una doble existencia, una como fantasía y otra
como fantasía
llevada a la práctica; en este último caso se hace
manifiesta la posibilidad de
daño hacia sí mismo o hacia los otros, ya que se expresa
como una compulsión a
la cual el sujeto no puede dejar de obedecer.
El sujeto parafílico es
víctima de un mapa de amor vandalizado. Como tal puede actuar
como sometido o
como sometedor para llevar a cabo su compulsión.
Recordemos
el fetichismo (necesidad de un objeto
determinado), voyeurismo (placer por mirar situaciones sexuales),
sadomasoquismo (placer al dar y recibir dolor), paidofilia (necesidad
de
niños), exhibicionismo (placer por mostrar los genitales a
extraños), etc. Cada una de estas
conductas es única e
indispensable, y suele llevarse a cabo durante un estado alterado de
conciencia. El afecto y el deseo están disociados.
Existen parafilias
individuales que no producen daño a otros, pero sí
producen sufrimiento en
quien la padece por la soledad de su necesidad imperativa, salvo que
encuentre
un compañero sexual adulto que lo complemente y consienta. Por
ejemplo utilizar
determinados objetos o ropas durante el encuentro sexual.
Cuando hablamos de
violencia sexual nos estamos refiriendo a las Parafilias
asociales, que
intimidan, violan, abusan, acosan y dañan la intimidad
psicológica o física de
otros.
Los abusadores de
menores, llamados paidófilos, son
personas enfermas, ya que construyeron en su infancia un mapa
erótico
traumatizado por sus trágicas experiencias. En general, ellos
también fueron
víctimas, y en su edad adulta necesitan repetir sus situaciones
traumáticas con
un niño como lo fueron ellos. De otro modo no logran sentir
placer.
La mayoría son hombres, de todos los sectores sociales.
Mendigos o
profesionales, empresarios u obreros, clérigos o
aparentes “buenos padres de familia”. Sin embargo, en su vida
existe un lado oscuro generalmente desconocido.
UN
NIÑO O UNA NIÑA VICTIMAS SERAN
LOS
VICTIMARIOS DEL FUTURO
SOBRE SI MISMOS O SOBRE LOS OTROS
¿COMO
CORTAR EL CIRCULO VICIOSO DE
LA VICTIMIZACION?
TOMANDO CONCIENCIA Y EDUCANDO PARA LA TOMA DE CONCIENCIA
Recordemos que la
violencia sexual también puede ejercerse implícitamente,
a través de la
imposición de valores e ideas que -como viejos o nuevos
mandatos- perturben el
desarrollo sano de las personas. Esto se observa con claridad en el
estímulo
del consumismo como vía para encontrar satisfacciones.
La violencia sexual
no se ejerce solamente de un individuo a otro. También es
ejercida por la
sociedad sobre el individuo, cuando no lo educa sexualmente para
darle la
oportunidad de elegir su propio sistema de valores sexuales; cuando no
toma
medidas de cuidado y prevención que impidan enfermedades
transmisibles
sexualmente, embarazos no deseados, abortos y situaciones de franco
maltrato
sexual.
En este sentido, para no
ser víctima de los mandatos sociales destructivos, es necesario
que cada
persona vaya encontrando su propio Sistema de Valores Sexuales, su
propia
manera de sentir placer y
satisfacción, que incluya de modo armónico
las diversas dimensiones de la sexualidad: biológica,
psicológica, social,
cultural y espiritual.
La violencia sexual
puede comenzar a prevenirse a través de una Educación
sexual formal,
instrumentada públicamente de manera conciente, voluntaria y
metodológicamente
explícita, sostenida, coherente y generalizada de todas las
edades.