Miguel
Hernández. Yo no quiero más luz que tu cuerpo
Yo
no quiero más luz que tu cuerpo ante el mío,
claridad
absoluta. Transparencia redonda.
Limpidez
cuya entraña, como el fondo del río,
con
el tiempo se afirma, con la sangre se ahonda.
¡Qué
lucientes materias duraderas te han hecho,
corazón
de alborada, carnación matutina!
Yo
no quiero más día que el que exhala tu pecho.
Tu
sangre es la mañana que jamás se termina.
No
hay más luz que tu cuerpo: no hay más sol. Todo ocaso.
Yo
no veo las cosas a otra luz que tu frente.
La
otra luz es fantasma, nada más, de tu paso.
Tu
insondable mirada nunca gira al poniente.
Claridad
sin posible declinar. Suma esencia
del
fulgor que ni cede ni abandona la cumbre.
Juventud.
Limpidez. Claridad. Transparencia,
Acercando
los astros más cercanos de lumbre.
Claro
cuerpo moreno de calor fecundante.
Hierba
negra al origen. Hierba negra las sienes.
Trago
negro los ojos, la mirada distante.
Día
azul. Noche clara. Sombra clara que vienes.
Yo
no quiero más luz que tu sombra dorada
donde
brotan anillos de una hierba sombría.
En
mi sangre, fielmente por tu cuerpo abrasada,
Para
siempre es de noche: para siempre es de día.