Lujosamente
bella y exquisita,
con aires
de gitana tentadora,
llegaste,
adelantándote a la hora,
rodeada de
misterios a la cita.
El
salón reservado oyó la cuita
de una cálida
noche pecadora,
y al amor
de tu carne ofrendadora
reventaron
las yemas de afrodita.
¡Fue esa
breve noche de locuras,
propicia al
Floreal de tus ternuras,
que, cual
glóbulos de ansias pasionales,
tu sangre
delictuosa de bohemia
infiltró
en el cansancio de tu anemia
el ardor de
los fuertes ideales!