La
erótica. Fragmento
Tuve
un segundo encuentro en el Tuyú
junto
al mar que bramaba como un toro
y
en cierto mediodía de salitre.
Acostado
en las algas vi al Amor
doble
y uno en su forma de andrógino admirable:
la
parte del Varón (crines y bronces)
y
la de la Mujer (plumas y rosas)
buscaban
la unidad en un abrazo
de
dos metales puestos en crisol.
Y
digo que, a mi vista, la región de la hembra
se
iba trocando en la región del macho
y
la del macho en la de la mujer,
las
crines y las plumas en fusión,
los
bronces y las rosas confundidos,
hasta
no ser ni el macho ni la hembra,
sino
los dos en uno y en ninguno.
Con
el primer encuentro se puede hablar de Amor:
con
el segundo nace la Erótica infinita.