Jack
Kornfield. De
:Historias del espíritu, historias del corazón.
Los
miembros de una tribu de África oriental utilizan un canto especial para cada
miembro de la tribu, el cual le es asignado antes de su nacimiento.
En
dicha tribu la fecha de nacimiento de una criatura no es el día del parto, ni
siquiera el día de la concepción, como en otras comunidades. Para ellos la
fecha de nacimiento coincide con el instante en que la madre piensa por primera
vez en ese hijo o hija.
La
madre, consciente de sus intenciones de concebir un hijo con un hombre específico,
se aleja para sentarse solitaria a la sombra de un árbol grande. Allí se
sienta y escucha con atención hasta que puede oír el canto de la criatura que
ella espera traer al mundo .
Una
vez que ha oído la canción, vuelve a la aldea y se la enseña al padre para así
poder cantarla juntos mientras hacen el amor, invitando a la criatura a que se
les una.
Cuando
se realiza la concepción, la madre le canta la canción al hijo que lleva en el
vientre, y luego se las enseña a las ancianas y a las parteras de la aldea, de
manera que durante los trabajos del parto y el instante del nacimiento, la
criatura sea bienvenida con dicho canto.
Después
del nacimiento , todos los miembros de la aldea aprenden la canción de cada niño
y se la cantan cuando se cae o se hace daño.
Se
canta también en momentos de triunfo, en rituales y durante la iniciación.
Cuando
llega la edad adulta, el canto se convierte en parte de su ceremonia
matrimonial.
Al
final de su vida, sus seres queridos rodean su lecho de muerte y entonan el
canto por última vez.
Oír
una historia así nos hace anhelar esa capacidad de escuchar y quisiéramos que
nuestra vida y nuestro canto fueran considerados y guiados desde tan alta
magnificencia.
Pero
nos han desviado y nos han atraído al mundo del mercado . Llevamos vidas
complejas en tiempos metalizados donde impera la ambición y nos dirigen desde
fuera.
Con
cuánta frecuencia hemos olvidado escuchar..."