EXTREMA CONFESION. María Beatriz Rodriguez Araujo

Cuando tu piel y la mía se hablan

la tierra se abre en una entrega que las palabras no definen;

el cielo perpetúa su poderío

y el compás del tiempo se detiene;

Se despierta el deseo en una respiración animal;

y es entonces cuando las almas se poseen,

premeditando la continuidad temporal de nuestros cuerpos;

enredados, apareados sin pretensión de escapar;

exaltados, encadenados a un círculo de fuego...

Y miro tus ojos extasiados cuando me das tu fuerza;

y devuelvo lo que tú me das en un jadeo que a nadie hube dado,

ni antes;

ni que daré después.

(Y no temo al mañana en esta extrema confesión)

Un perfecto acomodo nuestros sexos,

como haberse hallado después de tanto intento

en buscar el mismo paraíso;

el mismo modo de llegar juntos...

Es inevitable que mi bahía no reciba tu océano.

Es inevitable que tu raíz no se alimente en mi selva.

Es inevitable que la aridez que padeció mi geografía

no reciba la lluvia sanadora de tu cielo.

María Beatriz Rodriguez Araujo