En el amanecer ella yace con su perfil en el preciso ángulo
que, cuando duerme, semeja el rostro tallado de un ángel.
Su cabello es un arpa y aparece la mano de una brisa
y la tañe sobre la blanca nube de la almohada.
Después con sonrojo de rosas despertó y sus ojos abiertos
se inundaron de azul a través de su carne rosácea amaneciendo.
La caída de una palabra desde el rocío de sus labios
sonó como la primera de las fuentes: murmuró
amado sobre mis oídos la canción del primer pájaro,
mi sueño se ha convertido en mi sueño, dijo, hecho realidad.
De ti despierto a mi sueño por ti.
Oh, entonces mi propio sueño en vela se atrevió a hacer
suya la audacia de su sueño. Nuestros sueños,
como ríos, se vertieron en brazos de uno a otro.