Susana Cerdá

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  El deseo, fuego fatuo, algarabía incontenible, castigo en sí    mismo, algo que tira y llama, que junta todo lo que hay.

Ardor furioso, más furioso que el mar, que la muerte, que todo lo    vivido, atravesando los espacios, sangrando, el cuchillo que    se clava en la carne para siempre sin tregua dalequedale ahí.

¿La p de papá? Se clava como un dedo índice en la mitad de la    noche.

Adelante: el presentimiento peludo de la redondez.

Atrás: el surco que divide oscuramente la redondez.

Surco logrado a lo largo, a lo ancho, papá, mamá.

Ellos me ayudaron condescendieron a levantaron para.

Surco glúteo-abismal su hendidura su extensión las     características intrínsecas de su desarrollo.

La manera que tiene ese surco de surcarme.

La forma intrépida que tiene él de mirarme desde el surco hacia     abajo, de adivinarme hacia adentro, de profundisurcarme como.

Mamá descubre, ella siempre descubre y llama a papaá papá sonríe,   se queda a solas conmigo y en el momento propicio saca su dedo   índice, del bolsillo. Me señala hasta más-no poder, gritar es   poco, entonces no digo nada, ella viene, la operación se   realiza lenta, saben que sufriré, pero ellos sufren-segura-  mente-más-que-yo, juntos transpirando, solo movimientos   necesarios, los tres sumidos en un silencio hospitalario...