Había
una vez un montón de conejitos blancos, pero uno excepcionalmente, tenía la
punta de una orejita negra, se sentía un poco discriminado al ser distinto de
los demás, así que decidió darle solución a su problema, fue así que fue
hasta las vías del ferrocarril y apoyó la cabeza de tal forma que al pasar el
tren le cortara la punta de la orejita, con tanta mala suerte que falló en el cálculo
y el tren le pasó sobre el cuello.... y alli terminó la historia del conejito.
Moraleja: nunca pierdas la cabeza por un triangulito de pelo negro