VOLVER A SER VIRGEN. Lic. Virginia Martínez Verdier

“Es el mayor regalo para un hombre que lo tiene todo”.
Así se justifica o se fundamenta un nuevo producto a consumir: la ilusión de revirginización.

En nuestra sociedad de consumo se crean permanentemente necesidades, para ser satisfechas.  Esta vez le tocó a la sexualidad femenina. El consumismo quiere hacernos creer que con una sencilla operación, la mujer recuperará su virginidad y con ella, su felicidad.
En realidad, aunque el himen pueda reconstruirse, la mujer no volverá a ser virgen. La virginidad no es solamente la presencia del himen, sino fundamentalmente no haber tenido encuentros sexuales con otro, no saber qué se siente por el contacto de los cuerpos. Las  mujeres “revirginizadas”, sólo recuperarán una parte anatómica, no podrán quitar de su piel las experiencias positivas o negativas de su vida sexual anterior a la operación.
¿Qué tipo de mujeres compra este producto? Además de que deben tener un alto poder adquisitivo, las imagino superficiales, con baja autoestima, con una vida sexual poco satisfactoria, sometidas a una pareja machista, con temores de no ser deseada o querida, con culpas sexuales,  con poca confianza en sí mismas.  Esas mujeres son buenas clientas, a ellas se dirige este producto, que vende ilusiones en las que se apoyan viejos prejuicios, mitos y creencias acerca de qué es ser mujer sexual.
La literatura española nos recuerda que ya la Celestina se ocupaba de esos menesteres hace más de 500 años.  Podía comprenderse en aquellas épocas, en que las normas sociales eran tan rígidas e hipócritas. Pero hoy, sólo el poder del consumo, aprovechándose de los residuos de aquellos viejos mandatos,  puede convencer a mujeres muy particulares, de que están haciendo una buena compra.