Sexualidad
femenina. Vivir sin deseo. Lic. Virginia Martínez Verdier
En sexualidad, como en muchos otros temas, es importante no generalizar
ni considerar que "lo común" es lo que nos pasa a nosotros. Toda
sociedad está conformada por diversos sectores humanos que se manifiestan con
costumbres y conductas totalmente diferentes y hasta opuestas.
Aunque ya estemos en el siglo XXI, y muchos piensen que la liberación
sexual está firmemente
instalada, la realidad nos muestra que aún hoy persisten personas con ideas y
actitudes que podemos considerar habituales de otras épocas histórico-sociales.
En nuestra sociedad y en nuestro tiempo existen mujeres que manifiestan
su sexualidad desde un trastorno sexual definido como frigidez
sexual generalizada. Esta perturbación implica a una mujer que nunca
muestra ni mostró en su pasado interés por la sexualidad. No recuerda juegos
sexuales en su infancia, ni la atracción casi instintiva de la adolescencia, y
suele expresar que puede vivir plenamente sin necesidad de encuentros íntimos,
no sólo coitales, sino que también rechaza el placer corporal en general
(caricias, abrazos, besos, etc.).
Los motivos que llevan a estas mujeres a mantener su actitud a lo largo
de la vida pueden ser variados. Entre los más habituales encontramos:
·
Situaciones dolorosamente traumáticas vividas en la infancia: abuso
sexual, maltrato físico y fuertes castigos ante la expresión de la sexualidad
infantil.
·
Mitos y prejuicios muy arraigados con respecto al sentido del placer.
·
Convicciones religiosas fuertemente estructuradas que determinan mandatos
inconcientes de sufrimiento y flagelación.
Muchas de estas mujeres suelen casarse e incluso tener hijos. Sin embargo
llevan su vida sexual como una obligación matrimonial y exclusivamente para
cumplir con el mandato social de la reproducción.
Es probable que las parejas de estas mujeres acuerden con esta actitud
asexual. Es más, ese pacto –generalmente inconciente- puede haber sido el
principal motivo de unión entre ambos. Estos varones,
por diversos motivos de su formación y de su historia personal, suelen
sostener la idea de que una mujer debe ser "sólo una buena madre y
esposa", que ser sexual corresponde a "malas mujeres". Y es
posible que ellos busquen su satisfacción sexual en la prostitución,
manteniendo disociado el amor de la sexualidad.
Mientras ambos coincidan en estas ideas, el matrimonio cursará por una vida armónica donde lo sexual no está incluido como importante para la relación. No existe el conflicto entre las necesidades de uno y de otro. Sin embargo, si alguno de ellos con el paso del tiempo cambia las pautas iniciales del contrato matrimonial, se iniciará una crisis entre ideas y sentimientos opuestos, desequilibrándose la relación general de la pareja.
Las diversas maneras que tenemos los seres humanos de
manifestarnos sexualmente no son sencillas de comprender. Cada caso es único
porque depende de la personalidad, la historia, las experiencias vividas, las
creencias, los prejuicios, la relación general de la pareja.
Si las personas pueden o quieren vivir sin sexo, porque se lo considera
un trastorno? Porque la capacidad de sentir placer nos es dada desde el
nacimiento, es constitutiva de la especie humana. El negarse esa posibilidad
puede ser una elección conciente (como puede suceder en los miembros de
determinadas religiones) o puede ser una imposición inconciente determinada por
las situaciones traumáticas mencionadas anteriormente. En estos casos, es
necesario que la mujer pueda elaborar esos conflictos profundamente tapados pero
que están en acecho permanente, para recuperar su equilibrio emocional perdido.
La capacidad de autobservación y reflexión, la apertura hacia la búsqueda
de ayuda, la disposición al cambio son los primeros pasos hacia vivir con
deseo. Vivir con deseo de vivir.