Verano.  La sexualidad a flor de piel.  Lic. Virginia Martínez Verdier

 

            En el hemisferio sur llegó el verano. Esta época del año puede ser un buen indicador de cómo cada persona vive y expresa su sexualidad.

            En general, el calor, la luz natural prolongada y el tiempo más libre nos permiten conectarnos con mayor facilidad con nuestro cuerpo y sus necesidades. Pareciera que es más fácil despertar el erotismo; el cuerpo está más expuesto a los estímulos del exterior y los sentidos aumentan su intensidad.

            El contacto con ropas suaves y sueltas, el placer por el roce del viento en nuestra piel acalorada, el abrazo del agua fresca a nuestro cuerpo semidesnudo, la belleza de la naturaleza; el placer por ver otros cuerpos ligeros de ropas y atractivos, así como la exhibición del nuestro, pueden alimentar nuestras fantasías sexuales y nuestro deseo.

            De nosotros depende aprovechar estos estímulos para recordar que tenemos un cuerpo que necesita ser cuidado y mimado; y para revisar qué nos pasa con nuestra intimidad y el acercamiento a nuestra pareja real o posible.

            Recordemos que la sexualidad forma parte de la vida diaria de las personas y de la sociedad toda. Sólo es necesario aprender a verla, a percibirla.

 

            Podemos observar diferentes maneras de manifestar el placer:

            - Existen personas cuyo modo de disfrutar se manifiesta a través de hacer "un culto" de su cuerpo; lo tienen espléndido y listo para ser mostrado y admirado.

            - Otras manifiestan armonía corporal, pudiendo reconocer qué partes les gustan y cuáles no, aceptándolas como propias y sin mayores conflictos. Estas personas suelen disfrutar con facilidad del encuentro con la época estival y con lo que ella depara, incrementando su deseo y su buena disposición sexual.

            - Otras, se asustan del placer. Tímidas y vergonzosas, continúan tapando su cuerpo, para mostrarlo lo menos posible y pasar desapercibidos. Se distancian del encuentro con los otros.

            - Algunas personas se muestran más permisivas durante el verano; tanto para acercarse a desconocidos ("aventuras de verano"), como para recuperar la intimidad de las parejas armónicamente unidas. Estas suelen retomar el ritmo natural de su sexualidad -opacado durante el resto del año-, aumentando la frecuencia de los encuentros sexuales y disfrutando del estar juntos. El descanso, la informalidad, el salir de la rutina y las preocupaciones, crean un clima permisivo, libre y abierto.

            - Durante el año laboral, algunas personas, ocupadas y abrumadas por su vida diaria, suelen dejar de lado sus necesidades sexuales, o "cumplirlas" a modo de descarga higiénica. El agotamiento es uno de los enemigos de la sexualidad plena. Pero, la llegada del verano y del tiempo libre "desnudan" esa realidad. Aunque ya no haya excusas, suelen mantener su actitud pasiva ante la sexualidad. No incrementan sus encuentros sexuales porque buscan nuevas ocupaciones durante las vacaciones (vida social y deportiva muy activa), con el fin -conciente o no- de continuar disimulando el que la pareja y su sexualidad no funcionan bien.

 

            Descubrirse en las modalidades de algunas de las personas mencionadas puede ser agradable o no; sin embargo, aún no siéndolo, siempre puede resultar útil aprender a conocerse; ya que, nos demos cuenta o no, todos los seres humanos tenemos nuestra sexualidad a flor a de piel.