TRASTORNOS SEXUALES FEMENINOS CON LA PENETRACION Lic. Virginia Martínez Verdier

La dispareunia es un motivo habitual de consulta entre los médicos ginecólogos. El dolor durante la penetración puede tener varios orígenes. Un diagnóstico preciso permitirá evaluar si las causas son orgánicas o no.

En principio es necesario determinar la zona específica de dolor: interna o externa, y en qué parte de la vagina. Así como saber si el dolor apareció en un momento determinado u ocurrió desde siempre.

Este trastorno puede ser de origen orgánico o sexológico. Si acaece en determinado momento, es posible que sea síntoma de una inflamación o infección genital. Pero, si es un síntoma recurrente es necesario pensar en que el encuentro sexual no se está realizando armónicamente.

La causa sexológica más común de la dispareunia es la excitación inadecuada, por lo cual, al no producirse la lubricación, la penetración resulta dolorosa. En este sentido, recordemos la nota anterior en la que nos detuvimos a reflexionar sobre la necesidad de una calidad y cantidad especiales para que la excitación femenina se produzca.

El vaginismo se produce por la contracción involuntaria de los músculos perivaginales, por lo cual, la entrada de la vagina “desaparece”, el varón se encuentra con un tabique, es como si la mujer no tuviera nada para ser penetrado.

El miedo al dolor es una de las causas de esta alteración. La mujer “se defiende” no permitiendo el coito, pero lo hace inconcientemente. Puede excitarse mientras sepa que no será penetrada, cuando esta posibilidad aparece, el peligro la hace “cerrarse”.

Pueden ser mujeres que mantengan su respuesta sexual completa -deseo, excitación, orgasmo- mientras no se sientan amenazadas por la penetración. Cuando esta posibilidad aparece puede surgir el dolor, o , simplemente, “la pared”.

Causas más profundas nos hablan de un temor irracional (fobia) a la penetración. Generalmente son mujeres que tuvieron una sexualidad infantil fuertemente reprimida o traumatizada (abuso sexual). El momento actual vuelve a hacer presente ese pasado doloroso y se defiende de su pareja como si fuera aquel victimario de la infancia.

Este trastorno sexual femenino requiere de una tarea constante de recuperación de la confianza y de estimulación del crecimiento personal de la mujer que lo sufre. Ha quedado paralizada en aquella nena, y las nenas no tienen relaciones coitales. Es necesario que aprenda a ser mujer adulta sin temor y que vaya descubriendo que la penetración en sí no es peligrosa.

En el matrimonio no consumado suelen vincularse alteraciones sexuales de ambos miembros de la pareja: disfunción erectiva o eyaculación precoz ante portas en el varón con dispareunia o vaginismo en la mujer. En estos casos, pueden ser parejas que hayan tenido relaciones sexuales durante años, manteniendo la respuesta sexual completa, pero sin haber llegado a la penetración, tradicionalmente llamado “consumación matrimonial”.

Los motivos de esta situación pueden encontrarse en causas orgánicas, pero son sostenidas largamente por cuestiones emocionales de ambos. La penetración necesita de cierta dosis de agresión sana para ser llevada a cabo, si un varón teme dañar, no penetrará. Si una mujer teme ser dañada, no permitirá ser penetrada Incluso esta dificultad puede no ser motivo de preocupación hasta que la pareja desea tener un hijo o si alguno de los dos comienza a hacer modificaciones personales que lo ubican en un lugar diferente al que tenía cuando hizo el “pacto inconciente de no agresión”.

La diversidad de trastornos sexuales femeninos que hemos ido explorando se basan fundamentalmente en una educación sexual represiva, en una personalidad inhibida, en una infancia traumática, en una relación de pareja inmadura o insatisfactoria, pero también en el desconocimiento y en el mantenimiento de creencias y prejuicios que sólo producen frustración, displacer y sufrimiento personal. La recuperación de una vida sexual plena es posible, sólo es cuestión de proponérselo.