TRASTORNOS DE LA EXCITACION FEMENINA. Lic. Virginia Martínez Verdier

Recordemos que, fisiológicamente, la excitación se manifiesta como la llegada de sangre a la zona genital. Las mujeres necesitamos alrededor de 500 centímetros cúbicos para que la congestión pelviana alcanzada nos permita ingresar en la plataforma que impulsa el orgasmo. Además, durante la excitación la vagina se lubrica para que la penetración no sea dolorosa.

Estos cambios genitales van acompañados a su vez por modificaciones en todo el organismo: la respiración comienza a acelerarse y agitarse, el pulso cardíaco también se acelera, aumenta la temperatura externa del cuerpo llevando a la sudoración. Los pechos aumentan de tamaño, los pezones se yerguen. Los músculos van poniéndose cada vez más tensos, todo el cuerpo "se prepara para la lucha". Como sucede también en la práctica de los deportes, toda actividad física requiere de un precalentamiento.

Hasta aquí, sólo estamos mencionando las modificaciones que se relacionan con la fisiología; sin embargo lo emocional y la relación de pareja influyen decisivamente en la capacidad de despertar al organismo físico.

Las perturbaciones en la excitación pueden ser motivadas por diversas situaciones. La más común es la estimulación inadecuada, en cantidad y en calidad.

En relación a la calidad, si el compañero no sabe cuáles zonas corporales de su mujer son más sensibles, o qué tipo de estímulo, con qué ritmo y frecuencia su pareja lo necesita, lo más probable es que haga lo que supone que es correcto, aunque tal vez no lo sea. Cada mujer es única y tiene necesidades únicas.

Para poder congeniar y conocerse recíprocamente es imprescindible el diálogo abierto entre los miembros de la pareja acerca de los gustos, preferencias y necesidades sexuales de cada uno.

En relación a la cantidad, otra situación ligada a la anterior es el escaso o inexistente juego sexual previo. La pareja no utiliza diversas conductas sexuales que puedan estimularlos e incrementar su deseo, ni se detienen largamente en cada una de ellas. Pasan directamente -o casi directamente- a practicar la penetración.

Las mujeres necesitamos entre 20 y 40 minutos para que nuestro cuerpo esté disponible para completar la respuesta sexual. Los tiempos dependerán de las características de personalidad de cada mujer, del tipo de relación de pareja, del conocimiento y la confianza recíprocas, del momento vital, del estado de ánimo situacional, entre otras cuestiones.

Pero más allá de todo esto, los tiempos femeninos son más prolongados que los masculinos, por mandatos culturales y también por las diferencias en nuestras estructuras anatómicas genitales. El varón sólo necesita entre 70 y 90 mm. para llenar de sangre su pene, las mujeres necesitamos 500mm. Además no tenemos reservorios que dificulten la vuelta de la sangre a la corriente general, como sí tiene el varón.

Teniendo en claro las necesidades fisiológicas de las mujeres para alcanzar una plena excitación, es importante que recordemos la influencia de las emociones en la capacidad de dejarse llevar por el placer.

Una mujer enojada, triste, preocupada, asustada, no se excitará. Tanto sean estos sentimientos movilizados por motivos ajenos a la pareja, o por motivos relacionados con la pareja.

Es necesario evaluar si la dificultad con la excitación ocurre desde siempre y con todas las parejas sexuales (por lo cual, es posible que se trate de una perturbación personal), o si se trata de una situación ocasional de momentos afectivos determinados pero no permanentes o con determinado tipo de hombre (donde puede tratarse entonces del estilo de relación de pareja).

Recapitulando:

Una mujer mal estimulada, poco estimulada o con sentimientos negativos en su mente durante el encuentro sexual, no se excitará o lo hará escasamente, empobreciendo su satisfacción personal y, probablemente, la de su pareja..