SENTIRSE FEO ¿ES NO SENTIR? - Lic. Virginia Martínez Verdier

La llegada de la primavera y la cercanía del verano suelen conectarnos con nuestra realidad estética corporal. Nos vemos gordos o demasiado delgados, penamos por la celulitis, sufrimos por lo que la malla va a dejar ver de “nuestros defectos”.

La desnudez de las ropas livianas pone en evidencia los sentimientos personales ante la estética de nuestro cuerpo, pero estos sentimientos suelen acompañarnos durante toda la vida, salvo que logremos repensarlos y modificarlos.

Algunos, más allá de sus pudores estéticos, continúan viviendo su sexualidad con placer y satisfacción. Otros, desvalorizan su cuerpo, no lo sienten atractivo y suelen esconderlo y esconderse del placer sexual.

Aprender a ser sexual es un logro cotidiano que abarca toda la vida. Las experiencias vividas y los modelos transmitidos van dejando marcas, positivas o negativas, en el modo de vivir nuestro erotismo.

Fisiológicamente, todos los seres humanos tenemos la capacidad de responder sexualmente de la misma manera. El deseo, la excitación y el orgasmo nos son dados como una capacidad particular de la especie humana.

Sin embargo, la cultura en la que vivimos influye profundamente en las creencias y prejuicios que tenemos con respecto a la sexualidad, pudiendo inhibir nuestra capacidad erótica naturalmente dada.

Suele pensarse que sólo las personas bellas gozan realmente de su cuerpo.

 

¿Qué es la belleza? ¿Quién determina lo que es bello de lo que no lo es?

 

Lo estético no es sinónimo de sensibilidad.

 

La capacidad de sentir placer está asociada con la actitud que asumimos frente a nuestro propio cuerpo. El aceptarlo y cuidarlo nos conecta positivamente. El rechazarlo y avergonzarnos de él, nos aleja del placer.

Lo mismo sucede con la visión que tenemos del cuerpo del otro. Cada uno proyecta su idea de belleza y, junto con otros estímulos, esa idea despierta el propio erotismo.

El saber qué nos disgusta de nuestro cuerpo, es un primer paso para pensar cómo solucionarlo, o, simplemente, para asumir que no somos perfectos, pero que igualmente "somos" y sentimos.

Más allá de nuestras "fealdades", si nos permitimos despertar la capacidad sensitiva de nuestro cuerpo, descubriendo nuestro "Mapa corporal erógeno personal", recibiremos una grata sorpresa.