Respuesta sexual femenina ¿versus? Respuesta sexual masculina. Lic. Virginia Martínez Verdier

             En este principio de milenio, parece ser que varones y mujeres tenemos dificultades para encontrarnos afectivamente. Es común oir decir que somos diferentes y que no nos conocemos ni nos entendemos desde esas -aparentemente- "irreconciliables" diferencias.

              Dentro de los componentes de la afectividad, la sexualidad ocupa un lugar fundamental. La manera de sentirnos varón o mujer, de comportarnos, de conducirnos, acorde o no a lo que la sociedad espera de "ser varón" y "ser mujer", va cambiando con las épocas históricas y las pautas culturales concomitantes.

             Sin embargo, desde el punto de vista biológico, nacemos mujeres o varones de manera claramente diferenciada. Y a pesar de esas diferencias, tenemos muchas coincidencias en nuestro funcionamiento orgánico. Desde el punto de vista fisiológico sexogenital, sabemos desde hace 30 años cómo funcionamos sexualmente los seres humanos.  Sin embargo, estos conocimientos no han sido aún ampliamente difundidos o escuchados por algunos profesionales de la salud y la educación.

             William Masters y Virginia Johnson investigaron experimentalmente, en Estados Unidos, realizando estudios en condiciones de laboratorio a través de la observación directa de parejas teniendo relaciones sexuales.  Descubrieron así que todos los seres humanos tenemos una manera similar de responder sexualmente desde el punto de vista fisiológico.

             Posteriormente Helen Kaplan incluyó los aspectos emocionales y vinculares en el desarrollo de la respuesta sexual humana; ya que, justamente, por ser humanos y estar inmersos en una sociedad y una cultura, esa fisiología puede estar sostenida o inhibida, determinando satisfacción o insatisfacción sexual.

               Más allá de nuestro sexo biológico, la respuesta sexual humana cuenta con tres fases básicas de funcionamiento, en las cuales, las diferencias anatómicas pueden complementarse:

 

* Fase del deseo: El deseo es el apetito, las ganas de tener una situación sexual. Se despierta a través de los estímulos eróticos externos (películas, un cuerpo desnudo, música, caricias, aromas, sabores) percibidos por nuestros sentidos, y a través de los estímulos eróticos internos, fundamentalmente los sentimientos y las fantasías.

             Está relacionado especialmente con aspectos emocionales y psicológicos. La testosterona ,  hormona masculina, pero que también elaboran las mujeres, es llamada “hormona del deseo”.

             Parece ser que los varones y las mujeres nos erotizamos con estímulos diferentes. Habitualmente se dice que las mujeres somos "tactiles" y los varones "visuales". Estas diferencias están sostenidas por los mandatos y modelos sociales a los que nos vemos sometidos, pero en realidad ambos sexos necesitamos ampliar nuestro espectro de percepción de estímulos sexuales aprovechando que la naturaleza nos dotó de cinco sentidos- para enriquecernos compartir una intimidad sexual más gratificante.

 

* Fase de excitación: desde lo estrictamente fisiológico, la excitación es la llegada de sangre a la zona genital ,por lo cual en los varones se produce la erección y en las mujeres se produce la congestión pelviana con su consecuente lubricación vaginal (lo que permite que la penetración sea placentera y no dolorosa). Durante esta fase todo el cuerpo se prepara para "la lucha": el corazónl ate con mayor intensidad, la respiración se acelera, los músculos se tensan, la piel toma un color rojizo, los pezones y las tetillas se erectan.

            En estos momentos es especialmente importante la expresión del juego sexual, ya que éste nos permite un goce sostenido; cuanto mayor tiempo dediquemos a este juego, más intenso y satisfactorio será el orgasmo.

            Además, el juego sexual permite compatibilizar los diferentes tiempos de excitación de ambos sexos. Las mujeres somos fisiológicamente más lentas -entre 20 y 40 minutos- que los varones para excitarnos adecuadamente, ya que necesitamos que 500 ml. de sangre lleguen a nuestros genitales; en cambio los varones necesitan entre 70 y 90 ml. Más allá de lo biológico, en la variación de los tiempos para que cada persona logre su excitación adecuada también influyen las situaciones externas, la relación de la pareja, la educación, la personalidad y la historia personal.

 * Fase del orgasmo: desde el punto de vista fisiológico, el orgasmo se produce por las contracciones rítmicas de los músculos pélvicos (7 a 8 contracciones cada 0.8segundos). Es un reflejo, con un polo sensitivo (glande del pene en el varón, y el clítoris o el punto G en la mujer), un polo motor (los músculos pélvicos).

             Estos polos sensitivos deberán ser adecuadamente estimulados, con un ritmo, un tiempo y una presión particular para cada persona como para que el reflejo del orgasmo se dispare.

              En el caso del varón, esas contracciones empujan el semen hacia afuera determinando la eyaculación. En la mujer, las contracciones se perciben en la vagina como latidos.

              Las mujeres tenemos la capacidad de tener varios orgasmos en una misma relación (multiorgasmia), aunque algunas se sienten satisfechas con un solo orgasmo intenso y sostenido (monorgasmia). Un estilo no es mejor que otro, cada mujer sabe si quedó satisfecha o desea continuar siendo estimulada para lograr nuevos orgasmos.

            Los varones con una sexualidad madura logran controlar su eyaculación y decidir cuándo tener su orgasmo. Una vez acaecido éste, transcurren por un período llamado refractario, en el cual aunque sean estimulados no podrán volver a eyacular (algunos hombres sí pueden volver a tener una erección). La duración del período refractario dependerá  de la edad del varón (pocos minutos a los 20 años o  días a los 70 años) y del estímulo erótico que lo acompaña.

              La posibilidad masculina de controlar la eyaculación, manteniendo una erección prolongada -aunque puede pasar que la pierda momentáneamente y luego la recupere- permite a la pareja armonizar los diferentes tiempos de excitación de ambos sexos. En los varones no es un sacrificio -o no debería serlo- tener que esperar a su mujer, ya que su excitación aumenta en esta espera.

              Si no fuéramos humanos, estas fases de la respuesta sexual transcurrirían automáticamente.  Pero, en realidad el órgano sexual por excelencia es el cerebro, ya que él accede o bloquea nuestros deseos y sensaciones. Y así volvemos a la cultura; según cómo hayamos sido educados y cuál sea nuestro Sistema de valores sexuales, acorde a cuáles hayan sido nuestras experiencias con la sexualidad desde pequeños, de acuerdo a como sea nuestra relación de pareja, nos permitiremos o no ser plenamente sexuales y disfrutar de ello, respondiendo de manera estrictamente personal al VERSUS del principio de esta nota.