Responsabilidad
compartida.
Lic.
Virginia Martínez Verdier
En
la actualidad parece haber consenso social acerca de la importancia de la
planificación familiar, es decir, de decidir cuándo tener hijos, y a partir de
allí, qué método anticonceptivo utilizar para llevar una vida sexual
segura y satisfactoria.
Sin embargo, todavía hoy, la elección y decisión del método suele ser
dejado a la mujer y al asesoramiento de su médico ginecólogo.
¿Y el varón de la pareja? Más allá de que el preservativo es
el único método que puede utilizar un hombre (ya que la vasectomía no
es legal en diversas regiones del mundo), ¿Qué lugar ocupan los hombres en la
decisión y utilización del cuidado anticonceptivo? Algunos acompañan a sus
parejas a la visita médica, otros dejan el tema totalmente en
manos de ellas.
Es esperable que las decisiones de la vida en pareja sean tomadas por
ambos, acordadas, conversadas. Que ninguno se desentienda de sus
responsabilidades. La sexualidad es parte fundamental de la relación de pareja
y necesita, para su armonía, compartir el placer y los cuidados.
El aprendizaje del cuidado mutuo (o del descuido) comienza desde los
primeros años de vida, sin embargo es en la adolescencia cuando empieza a
efectivizarse como posibilidad concreta. Las chicas y los chicos, empujados por
su sexualidad, suelen encontrarse sin demasiada conciencia de la importancia del
cuidado y menos aún que lo sea hacia
sí mismo y hacia el otro.
¿Cuáles
son los efectos del aprendizaje del descuido?
Embarazos no deseados, abortos, sufrimiento emocional, relaciones
mecanizadas, trastornos sexuales, enfermedades
transmisibles sexualmente, desequilibrio afectivo.
El
aprendizaje del cuidado es un derecho de ambos sexos. Los varones y las mujeres
necesitan saber acerca de los métodos anticonceptivos eficaces y de aquellos
que además de no ser seguros, trastornan el desarrollo de una sexualidad
saludable. Pero no sólo necesitan tener información adecuada, también se hace
imprescindible que tomen conciencia de que los varones son parte activa en la
prevención.
Forma
parte de la educación sexual desde los vínculos afectivos y sexuales sanos el
aprendizaje de la responsabilidad compartida. La manifestación de la sexualidad
no debe ser sólo impulsiva, requiere de una integración afectiva y emocional
que se va aprendiendo desde las actitudes de los adultos significativos, desde
el grupo de amigos, desde los medios de comunicación. ¿Todos ellos socializan
sexualmente desde la salud? Es un desafío para los adultos responsables
comprometerse con que sí lo sea.