De la represión prejuiciosa al desprejuicio represor. Lic. Virginia Martínez Verdier

En Argentina, este fin de semana fue noticia que en las escuelas y en los “boliches” (lugares de baile), las adolescentes realizan sexo oral por monedas, para entrar a bailar o tener algún otro beneficio inmediato.
En mi país, esta noticia cayó como una bomba de realidad. Sin embargo, esta noticia no debería sorprendernos. La sociedad de consumo sexual sigue mostrando sus efectos. Esta época de supuesta liberación sexual, sólo está encadenando a varones y mujeres a dejar de ser personas. Se creen libres de elegir hacer sexo oral o cualquier otra conducta transgresora de las normas sociales esperables. Y en realidad, están siendo empujadas masivamente como objetos sin mente ni proyectos personales.
La sociedad de este milenio sigue logrando sus fines: automatizar, masificar, degradar, deshumanizar.
El sexo oral en sí mismo, es una conducta sexual habitual en las parejas de estas épocas. Pero su práctica, contextualizada en el sexo rápido y desafectivizado, lo convierte en un arma lamentable contra el crecimiento personal de las mujeres y los varones.
La educación sexual sistemática, no sólo es necesaria para conocer sobre los métodos anticonceptivos y el preservativo previniendo embarazos y enfermedades, sino que es fundamental para que las personas aprendamos a pensar y a decidir por nosotros mismos, sobre nuestra forma de ser, nuestros proyectos, nuestros ideales, nuestra sexualidad, nuestra intimidad.  Sabemos que la masificación es parte de la identidad adolescente, pero también sabemos que es imprescindible que se logre la madurez a través de la individuación. Hacia ella debe apuntar la una educación sexual conciente, planificada, humanizada.
Esta es una época tramposa, ya que subsisten dos extremos en la ideología sexual: la represión prejuiciosa por un lado y el desprejuicio que termina siendo represivo de los afectos, por el otro.