QUE
NECESITAN LOS NIÑOS Y ADOLESCENTES DE NOSOTROS, LOS ADULTOS: Lic.
Virginia Metínez Verdier
Aunque no nos demos cuenta ni nos lo hayamos propuesto, estamos
educando sexualmente a nuestros hijos desde que nacen hasta
-por lo menos- su juventud. Lo mismo sucede con quienes trabajan en su
asistencia. Concientemente o no, voluntariamente o no, las
actitudes de los adultos influyen en el aprendizaje sexual de los chicos.
Las experiencias de los primeros años de nuestra
vida, nos marcan la dicha o desdicha de nuestra vida adulta.
Por ello, es fundamental que los adultos -padres, docentes y
profesionales que trabajan con menores- tengamos
en cuenta que:
·
Los niños necesitan reafirmarse en su YO SOY desde
pequeños con el fin de que a lo largo de su vida puedan recuperar el equilibrio
perdido ante toda crisis, con el
menor sufrimiento psíquico posible.
·
Los chicos reconocen nuestros gestos, nuestro tono
de voz; se dan cuenta de nuestras incoherencias entre lo que decimos y lo que
hacemos, de nuestros miedos, ansiedades y conflictos, aunque callen por temor o
vergüenza.
·
Si tomamos una actitud afectiva demostrativa, clara
y segura, ellos nos imitarán con confianza.
·
Así mismo, si somos fríos y distantes o los
rechazamos, sentirán que el cariño no se debe expresar. Los chicos aprenden lo
que viven, y nos toman como modelo.
·
Para crecer sanos y felices, disfrutando de una
futura sexualidad adulta con plenitud- nos necesitan seguros y cariñosos,
firmes y claros, ni débiles ni todopoderosos, ni indiferentes ni
sobreprotectores.
No es fácil, pero podemos empezar a intentarlo permitiéndonos ser
personas con virtudes y defectos, concientes de éstos, coherentes y
comprometidos con la vida.
·
Tratemos entonces de hacerlo desde una actitud
conciente, afectiva, reflexiva y positiva hacia la sexualidad.
·
Pensemos en nosotros mismos, en nuestros valores,
creencias y prejuicios.
·
Seamos espontáneos en nuestras conductas, aún con
nuestros temores y vergüenzas.
·
Respetemos sus experiencias y su intimidad.
·
Sepamos escuchar hasta sus silencios ante
situaciones de índole sexual, para rescatar la pregunta sin palabras y motivar
el diálogo.
·
Recordemos que nosotros también respondemos sin
palabras y que ellos las decodifican.
·
Informémonos, investiguemos, aprendamos nosotros
junto con ellos; aún arriesgándonos a ser cuestionados.
·
No deleguemos en otras personas las respuestas a su
curiosidad sexual. No necesitan sólo información, nos necesitan a nosotros.
·
Utilicemos un lenguaje simple, claro, preciso, sin
irnos por las ramas ni responder más de lo que nos están preguntando.
·
Respondamos siempre con la verdad, aunque nos dé
pudor. Permitámonos sentir ese pudor. Los chicos necesitan confiar en nosotros;
no los defraudemos.
Tomando en cuenta los distintos momentos
evolutivos podemos decir que la oportunidad de educar sexualmente al futuro
niño comienza ya en el período prenatal
mediante las actitudes positivas de los padres ante la sexualidad y la
adecuada información para una paternidad y maternidad responsables.
Ante los adolescentes,
los adultos solemos revivir nuestra propia adolescencia y solemos intentar
que repitan nuestra historia o que logren aquello que nosotros no pudimos.
Tal vez lo más dificil para nosotros sea dejarlos ser y encontrar su
propio camino, sin que ello signifique abandonarlos.
Los adultos nos enfrentamos con rivales fuertes y
muchas veces negativos con respecto a la educación de los valores y la
sexualidad de los adolescentes: los medios de comunicación, el grupo de pares y
la propia rebeldía que tiende a desacreditarnos.
Sin embargo, los adolescentes nos necesitan para
saber, para aclarar, para apoyarse en nosotros, para confiar.
Necesitan aprender :
·
Que
el sexo no es un objeto de consumo rápido y descartable. El afecto es
fundamental en el intercambio de placer.
·
A
no iniciar su vida sexual activa sólo por moda, por impulso o por seguir a su
grupo y no pasar por tonto.
·
A
no adoptar compromisos por los que no puedan responder.
·
Que
existen otras conductas sexuales también gratificantes y que no tienen los
riesgos del coito realizado con inmadurez e irresponsabilidad.
·
A
valorar el juego sexual aunque no lleguen al coito. Esta conducta incluida en el
futuro como previa al coito es imprescindible para una vida sexual
satisfactoria. La sexualidad placentera es más que la gratificación genital.
·
A
no entrar en el comercio del sexo; la experiencia de la prostitución deja
sabores amargos y muchas veces trastornos sexuales futuros.
·
Que
cuando decidan comenzar a ejercitar su sexualidad coital lo hagan con
responsabilidad, cuidado y respeto hacia sí mismos y su pareja.
·
Que
en general la primera experiencia sexual no es muy satisfactoria, ya que el
desconocimiento, el miedo, la vergüenza, la ansiedad no permiten entregarse a
sentir realmente. No es preocupante, con cada nuevo encuentro sexual irán
aprendiendo a conocerse y conocer a su pareja y se irán sintiendo mejor.
·
Acerca
de los métodos
anticonceptivos, las enfermedades
transmisibles sexualmente, el embarazo adolescente y el aborto.
Sus consecuencias y prevenciones.
·
A
pensar en conjunto qué es lo normal en sexualidad. Tema dificil de encarar, ya
que lo normal dependerá de cada sociedad, de cada época histórica, de cada
persona e incluso de cada momento vital de una misma persona. Podemos pensar sí
en qué es aceptable en sexualidad:
Todo aquello que sea realizado de común acuerdo, sin incluir menores, sin
forzar ni violentar al otro, sin hacer daño físico o psíquico. Hasta un beso
es anormal cuando no se lo desea.
Así como está en nosotros la
semilla de la vida, también lo está la semilla de la educación de nuestros
hijos, pacientes y alumnos. Al educarlos sexualmente desde una actitud
positiva y conciente, los estamos educando para el amor, para un desarrollo sano
de su personalidad y para el conocimiento y afirmación de sí mismo y de su
relación con los demás. El
permiso y la legitimación de sus cambios y necesidades no provocan excesos,
sino que los alivia, les evita sentimientos de culpa y les facilita sentirse
comprendidos y reconocidos
Ante situaciones sexuales planteadas por los
chicos, los adultos suelen asumir actitudes distorsionadas por mitos, miedos y
prejuicios que sólo los llevan a defenderse desde la parálisis o la negación.
Para una Educación Sexual eficaz de los niños es necesario
que los adultos rehagan totalmente su propia Educación Sexual. Este
proceso de revisión personal les permitirá aliviarse y preservar la propia
salud emocional y sexual. En un
contexto de crecimiento, contención y reflexión compartida podrán
revisar su formación personal, sus preconceptos, temores y desinformación.
El saber sexual es liberador. Lograrlo y mantenerlo
disminuirá la problemática sexual de nuestro tiempo, pues la sexualidad se
volverá más libre. Libre en el sentido de responsable y respetuosa.
Habrá de cambiar el signo que promueve las
actividades sexuales: de la irresponsabilidad y la compulsión actuales se podrá
pasar a la responsabilidad libre y respetuosa.
La tarea preventiva con niños y adolescentes no
culmina con ellos, ya que hacerla extensiva a los adultos responsables, a los
convivientes y a quienes tienen funciones educativas y sanitarias permite
multiplicar el esfuerzo, reforzar la tarea realizada con los menores y
transformarlos en agentes de cambio.
En este sentido, la
familia, los profesionales, los docentes, los funcionarios, los productores de
los medios de comunicación, la comunidad adulta toda tenemos la obligación de
tomar conciencia de la necesidad de acompañar y ayudar a los niños y
adolescentes a encontrar un camino saludable, con luz, contenido, sentido,
libertad y responsabilidad.