Qué
hay detrás del amor. Salutia. Entrevistada Virginia Martínez Verdier
¿Realmente
el amor y la profesión se ajustan a un modelo? “Se supone que la personalidad
se expresa en todo, no sólo en la actividad sino también en la elección de
pareja y en la vida sexual”, introduce Virginia Martinez Verdier, titular del
Departamento de Sexología de la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires y
titular del sitio sexuar.com.
Y aunque la sexóloga aclara que no es posible definir fronteras estrictas
porque las variables que delimitan un territorio tan complejo como el sexual son
diversas –ideología, historia, educación e inserción social-, algunas
coordenadas se repiten asiduamente.
“Los varones que están en el mundo de la informática suelen tener
dificultades para relacionarse y comunicarse con las personas, por eso depositan
buena parte de su energía sexual en la computadora, con la que establecen una
suerte de diálogo”, ejemplifica.
Quienes basan su vida profesional en los números –contadores, matemáticos,
ingenieros- en general son esquemáticos y rígidos, y responden a una
mentalidad tan exacta como la ciencia que patrocinan. “No es fácil que se
contacten con sus propias emociones y mucho menos que las expresen”, dice
Martinez Verdier. De allí que su sexualidad también esté basada en las
rigideces del ‘deber ser’.
En la vereda de enfrente se instalan los artistas, expertos en el arte de
reinventarse y recrear cada centímetro de la realidad. “Se dan el mayor
permiso para romper los límites de lo conocido y descubrir distintas fuentes de
placer”.
Aún sin llegar tan lejos, un sector de quienes se dedican a las ciencias
humanas también es capaz de auto-adjudicarse libertades sexuales. Son aquellos
que saben integrar saber y placer, opuestos a los intelectuales puros, entre
quienes predomina el pensamiento por sobre amores y pasiones. “Si el discurso
es solamente teórico se quedan con lo que sucede de la cabeza para arriba y
viven un sexo sin vida, sin emociones y sin vuelo”, dice la psicóloga.
El sexo de la política
Otra disociación característica se daría entre los hombres de la política.
“Allí se juega aquello de la doble moral. Como están dentro de una elite en
donde todo vale, se pueden dar todos los permisos y prerrogativas, siempre que
se trate de una amante, nunca de la esposa”, sostiene Martinez Verdier, y
distingue entre dos razas: los autoritarios y aquellos que tienen autoridad,
sencillamente.
El autoritarismo los empuja a sentirse dueños del poder y de la vida del otro,
hecho que curiosamente los iguala con los hombres menos instruidos, que hacen
del machismo un culto. “Viven la ternura como una debilidad y la sexualidad
pasa a regirse por la urgencia biológica”.
Claro que algunos políticos tienen que someterse a las leyes del electorado y
entonces se asimilan con la personalidad seductora de los vendedores
profesionales, que tienen que crear la necesidad por el producto que ofrecen y
se entrenan en el ejercicio de manipular el deseo de los potenciales clientes.
“Parecen los grandes amantes latinos porque tienen un buen manejo de las técnicas
de la seducción y el juego sexual, pero corren el riesgo de montar escenas vacías
de emoción”.
En definitiva, ninguno parece contar con todos los ingredientes. Para armar un
modelo que combine una dosis de pasión, deseo, seducción, técnica,
creatividad, saber y vuelo, ¿será necesario juntar las partes de muchos
hombres, como el doctor Frankenstein?
Nota de febrero de 2001