Miedos
sexuales.
Lic. Virginia Martínez
Verdier
Hay
miedos y miedos.
Las personas podemos llegar a sentir miedo por situaciones realmente peligrosas.
Sin embargo, algunos
sienten miedo ante situaciones que ellos consideran que son peligrosas,
cuando para la mayoría de sus congéneres no lo serían. En este sentido, son
conocidos el temor al ascensor o a los perros, por sólo nombrar alguno.
Cuando los temores son irracionales se los denomina "fobias".
Es decir, no hay una razón "lógica" para que esa persona tema, sin
embargo, desde la lógica de sus emociones no puede dejar de hacerlo.
La sexualidad no está libre de emociones negativas. Los miedos también
pueden ser parte de ella, generando efectos muy alejados del placer.
Los
miedos hacia la sexualidad pueden expresarse como
simples dificultades para entrar en intimidad sexual, con manifestaciones
de ansiedad, transpiración, angustia, pero finalmente la persona se sobrepone y
se conecta sexualmente, hasta el extremo de no poder acercarse a ninguna
persona que le resulte atractiva o erótica.
¿Miedo
a qué? Según cada historia y cada personalidad el miedo sexual tendrá
diferentes motivos, todos justificados desde la estructuración emocional
personal. Miedo a la entrega, a la intimidad, al compromiso, al descontrol, a la
invasión, al daño, a ser descubierto, son algunas de las posibilidades. En algún
momento de nuestras vidas, casi todos sentimos alguno de estos miedos, sin
embargo, lo que los hace
enfermizos y paralizantes es su permanencia y su fuerza irracional.
Los
dificultades con la respuesta sexual (el deseo, la excitación y el orgasmo)
también pueden estar escondiendo miedos. Cuando las terapías sexuales
habituales no logran modificar esas disfunciones sexuales, debemos pensar en la
posibilidad de que
la persona padezca de una fobia sexual disimulada detrás de una simple
disfunción.
El
miedo no es "zonzo", dice el refrán... Y es cierto, pero, ¿cómo
hacer para que este "vivo" deje vivir?