Matrimonios no consumados. ¿Sexualidad incompleta? Lic. Virginia Martínez Verdier  

Habitualmente las parejas en determinado momento de su historia vital comienzan a mantener relaciones sexuales genitales. En otras épocas sociales este momento lo indicaba el casamiento y la noche de bodas. Actualmente, aunque ya el estado matrimonial no sea quien dé el permiso para  mantener un vínculo sexual genital, existen parejas que, casadas o no, no logran completar sus encuentros sexuales a través del coito.

Estas parejas concientemente desean hacerlo, a diferencia de quienes por creencias religiosas deciden no hacerlo. Muchas  de las parejas que se incluyen en los llamados “matrimonios no consumados” llevan largos años juntos con diversos niveles de satisfacción sexual.

Puede suceder que su deseo sexual se mantenga y lo canalicen a través de otras conductas sexuales evitando la penetración y llegando ambos al orgasmo.

También puede suceder que ante el conflicto que se les plantea cada vez que intentan acercarse vayan paulatinamente desexualizando la relación.

Generalmente ambos miembros de la pareja tienen alguna dificultad personal. Las mujeres que no logran ser penetradas, suelen manifestar vaginismo (contracción involuntaria de los músculos perivaginales), por lo cual pareciera que no tienen introito vaginal, o padecer dispareunia (dolor con la penetración). Los varones suelen tener dificultades con su erección o una eyaculación precoz muy acelerada que les impide llegar a penetrar.

Ambos temen; ella a ser lastimada, él a lastimarla. En esos casos la no consumación los preserva y alivia.

Al principio confían en que el tiempo solucionará el problema. No cuentan su dificultad. Sus familias se extrañan porque no llegan los hijos y ellos comienzan a sentirse exigidos y, a la vez, disminuidos y avergonzados,  creyendo que son los únicos en el mundo a quienes les pasa.

El matrimonio no consumado es una dificultad sexual que se basa fundamentalmente en trastornos emocionales y educativos. Una crianza muy estricta y represiva, experiencias traumáticas de abuso sexual, ignorancia sexual, miedos irracionales al otro sexo, hipocondrías, intensas vivencias de pecado, inmadurez personal y afectiva, extrema timidez, son algunos de los motivos de este padecimiento.

Si ambos deciden realmente enfrentar la situación conflictiva, crecer como individuos y como pareja, su solución es posible.