Habitualmente
las parejas en determinado momento de su historia vital comienzan a mantener
relaciones sexuales genitales. En otras épocas sociales este momento lo
indicaba el casamiento y la noche de bodas. Actualmente, aunque ya el estado
matrimonial no sea quien dé el permiso para
mantener un vínculo sexual genital, existen parejas que, casadas o no,
no logran completar sus encuentros sexuales a través del coito.
Estas
parejas concientemente desean hacerlo, a diferencia de quienes por creencias
religiosas deciden no hacerlo. Muchas de
las parejas que se incluyen en los llamados “matrimonios
no consumados” llevan largos años juntos con diversos niveles de
satisfacción sexual.
Puede
suceder que su deseo sexual
se mantenga y lo canalicen a través de otras conductas
sexuales evitando la penetración y llegando ambos al orgasmo.
También puede suceder que ante el conflicto que se les plantea cada vez que intentan acercarse vayan paulatinamente desexualizando la relación.
Generalmente
ambos miembros de la pareja tienen alguna dificultad personal. Las mujeres que
no logran ser penetradas, suelen manifestar vaginismo
(contracción involuntaria de los músculos perivaginales), por lo cual
pareciera que no tienen introito vaginal, o padecer dispareunia
(dolor con la penetración). Los varones suelen tener dificultades con su erección
o una eyaculación precoz
muy acelerada que les impide llegar a penetrar.
Ambos
temen; ella a ser lastimada, él a lastimarla. En esos casos la no consumación
los preserva y alivia.
Al
principio confían en que el tiempo solucionará el problema. No cuentan su
dificultad. Sus familias se extrañan porque no llegan los hijos y ellos
comienzan a sentirse exigidos y, a la vez, disminuidos y avergonzados, creyendo que son los únicos en el mundo a quienes les pasa.
El
matrimonio no consumado es una dificultad sexual que se basa fundamentalmente en
trastornos emocionales y educativos. Una crianza muy estricta y represiva,
experiencias traumáticas de abuso
sexual, ignorancia sexual, miedos irracionales al otro sexo, hipocondrías,
intensas vivencias de pecado, inmadurez personal y afectiva, extrema timidez,
son algunos de los motivos de este padecimiento.
Si
ambos deciden realmente enfrentar la situación conflictiva, crecer como
individuos y como pareja, su solución es posible.