La culpa sexual - Lic. Virginia Martínez Verdier

Aunque en estas épocas las costumbres sexuales se hayan ido liberando en relación a otros tiempos, la culpa continúa siendo un poderoso inhibidor del placer sexual.

La culpa suele generarse cuando no respondemos a los mandatos familiares y sociales. Los impulsos sexuales o agresivos forman parte de todo ser vivo. En el caso de los humanos, la expresión lisa y llana de los instintos deja de lado las normas que toda cultura impone para que una sociedad pueda existir. El "todo vale" no es admisible en una comunidad organizada. Se establecen límites, pautas y castigos ante las transgresiones.

La sexualidad está intrínsecamente relacionada con la transgresión. La capacidad de desear es estimulada por el no cumplimiento de las reglas establecidas.

Los seres humanos hemos ido negociando entre nuestros impulsos y nuestra conciencia moral para poder formarnos como personas sanas y equilibradas. Esta lucha forma parte de nuestra vida.

Aunque los conocidos "eso no se hace, eso no se dice, eso no se toca", caigan bajo el influjo de la libertad personal, siempre se paga un precio. Según el tipo de acuerdo al que lleguemos, la culpa tendrá mayor o menor injerencia en nuestras conductas en general, y sexuales en particular.

¿Cómo lograr liberarse de ataduras que restringen la capacidad de goce sin que el precio de la culpa vuelva a atarnos por otras vías, por ejemplo manifestando diversas dificultades sexuales?

La educación sexual cumple un papel fundamental en ese sentido. Informar, formar, estimular la reflexión acerca de las propias ideas y sentimientos relacionados con la sexualidad, permitirá encontrar los límites entre lo sano y lo enfermo, entre lo bueno y lo malo, para uno mismo, para la pareja, para la familia y para la sociedad toda.

Lo sano para uno es sano para otro y es bueno para toda la sociedad. La posibilidad de dar y recibir placer, de acariciar y ser acariciado, de disfrutar de lo cotidiano, de amar y ser amado no tiene límites mientras no se haga daño.

Lo enfermo es malo y enferma aún más. La violencia, el abuso, el acoso sexual son límites que no se deben traspasar. Absurdamente, quienes pasan estos límites no sienten culpa. Sin embargo ellos son los que deben ser castigados por su delito.

Desculpabilizar la expresión saludable de la sexualidad y el amor, y culpabilizar la manifestación de la violencia sexual es parte fundamental de la educación. Para no "cometer el peor de los pecados que un hombre puede cometer: no ser feliz".