EL JUEGO SEXUAL. Lic. Virginia Martínez Verdier

 

Se denomina juego sexual al momento de acercamiento íntimo previo al coito, en el que varones y mujeres llevan a cabo diferentes conductas sexuales.

Algunas parejas suelen acortar su duración a escasos minutos, pasando con rapidez a lo supuestamente importante: la penetración y el orgasmo concomitante.

Si preguntamos a la mujer de esa pareja imaginaria acerca de su satisfacción sexual, probablemente responda que es baja o nula, o que no pudo alcanzar el orgasmo, o que sintió dolor al ser penetrada.

Si le preguntamos al varón de esa pareja, es probable que centre su satisfacción en que pudo llegar a su orgasmo.

Otras parejas se disponen a encontrarse sexualmente. Se dan tiempo para intercambiar besos, caricias, mimos, masajes... De esta manera, la excitación sexual va aumentando paulatinamente hasta que llega la necesidad de alcanzar el clímax. Probablemente, si les hacemos la misma pregunta, estos varones y mujeres puedan contestarnos que todo el encuentro fue satisfactorio, y que el orgasmo fue "la cereza del postre".

 

El juego sexual es indispensable para que las personas puedan expresar libremente sus deseos y conductas sexuales.

 

Para las mujeres es fundamental ya que -fisiológicamente- la excitación femenina es más lenta que la masculina. Si la mujer no alcanza altos niveles de excitación, tendrá dificultades para alcanzar su orgasmo.

La excitación fisiológica de los varones es rápida, pero su mayor calidad e intensidad se logra sosteniendo temporalmente las sensaciones de placer. El orgasmo así alcanzado tiene una vivencia de mayor satisfacción.

 

¿Porqué será que a algunas parejas no se les ocurre prolongar el juego sexual, limitando sus encuentros a una mera "descarga higiénica"?

 

Algunas, pueden pensar que el juego sexual es una pérdida de tiempo; que no es necesario ya que lo único verdaderamente importante es el coito y el orgasmo.

Otras, no se lo permiten porque diversas emociones (miedos, culpa, angustia), o ideas (prejuicios o creencias aprendidos generalmente en la infancia) inhiben su expresión sexual, reduciéndola al mínimo posible.

Otras, mantienen relaciones sexuales con una persona a la que no quieren o no desean, pudiendo hacerlo incluso, por obligación. En este caso, las personas suelen pensar que cuanto más rápido se termine con la situación, mejor.

Otras, cansadas de las obligaciones diarias, se encuentran a la noche en la misma cama y apuran el momento porque el agotamiento puede más.

 

El juego sexual, como juego adulto, tiene sus raíces en los intercambios amorosos de la adolescencia. La "franela", término utilizado en otros tiempos, o la "transa", término actual, forma parte del aprendizaje indispensable para mantener una adecuada salud sexual.

Los adolescentes aprenden así a conocer su propio cuerpo y sus sensaciones. Así mismo, estos encuentros les permiten prolongar el inicio de la vida sexual coital hasta que puedan llevarla a cabo con el cuidado, el respeto y la responsabilidad que merece.

Aunque ya no es tan habitual, los adolescentes varones que se inician con el sexo pago, aprenden a apurarse y a valorizar sólo el placer genital así como sus propias necesidades sin tener en cuenta las necesidades de su compañera.

Los adolescentes, tenderán a incluir estos aprendizajes en su adultez. Si pudieron valorizar las conductas previas, sus encuentros sexuales futuros podrán ser saludablemente placenteros.

 

Lo que no se aprendió en la adolescencia siempre hay tiempo para aprenderlo; sólo depende de la disposición. Los adultos también pueden aprender a mantener una sexualidad sana donde la intimidad y la comunicación -corporal y verbal- predomine sobre los instintos. Por algo la naturaleza nos hizo seres humanos.