Jaque
al estado de ánimo. Lic. Virginia Martínez Verdier
Suele
suceder que cuando una mujer está “nerviosa” se diga “¡Déjala, está en
esos días!”. Generalmente “esos días” coinciden con la inminencia de la menstruación.
Cuando
una mujer ya no menstrúa y también está nerviosa, suele decirse,
despectivamente “¡Dejála, está menopáusica!”.
En
principio, parece quedar claro que las hormonas (por estar o por no estar)
producen efectos indeseables en el estado de ánimo femenino. Sin embargo,
aunque el metabolismo tiene un protagonismo importante, no depende sólo de él
que una mujer pueda alterar o mantener su ánimo equilibrado.
Los
factores que influyen son múltiples, entre otros, los momentos particulares de
la vida, la relación de pareja, los vínculos familiares, las enfermedades
propias o de personas cercanas, el trabajo, el dinero, influyen en el subibaja
del ánimo cotidiano.
En
el caso de las mujeres que están transitando el climaterio,
este subibaja se hace aún más sensible, ya que es una etapa de profundos
cambios físicos, emocionales y vinculares.
Es
una época de balance, y según sea su resultado, el ánimo se inclinará
hacia un lado o hacia otro. ¿Qué hice de mi vida? ¿Hice lo que
deseaba? Quiero seguir haciendo lo mismo? ¿Estoy conforme con mi trabajo, con
mi pareja, con mi familia? ¿Quiero hacer cambios? ¿Cuáles? ¿Tengo derecho a
querer una vida diferente? ¿Cambiar significa cortar con el pasado? ¿Podré
empezar de nuevo? Estas y otras preguntas suelen asolar las mentes y el espíritu
de las mujeres de estas edades.
Por otro lado, más allá de las propias decisiones, será necesario adaptarse o tolerar las decisiones de los otros. Por ejemplo, las que toman los hijos más allá de la autorización materna. Viajes, novios, vivir solos, elegir modos de vida que no coinciden con lo deseado y esperado para ellos.
Los
padres suelen comenzar con su deterioro físico y resulta muy doloroso sentir
que la hija se convierte en madre de sus padres. No sólo por el esfuerzo de
atención, sino por aceptar que ellos ya no son poderosos y que nosotras vamos
por el mismo camino.
¿Y
la pareja? Si la mujer la tiene, al tener más tiempo para estar solos y hacerse
más evidentes los “defectos” de cada uno, es probable que se replantee si
llevan una relación satisfactoria. Si la mujer no tiene pareja, se encontrará
con la alternativa de desear tenerla o de preferir estar sola, más allá de que
luego la vida le presente una u otra oportunidad.
La tristeza, la depresión, la hipersensibilidad, la irritabilidad (como intento de salida de la depresión) son sentimientos habituales de esta etapa. Existen motivos suficientes que los explican, sin embargo, no tienen porqué ser permanentes. Es posible tomar conciencia de todos los frentes de lucha emocional que la mujer tiene en este período de su vida, y comenzar a responderse sus dudas y ordenar su presente y su futuro. Sólo es cuestión de proponérselo. Vale la pena el intento.