Efectos de la anticoncepcion sobre la sexualidad - Lic. Virginia Martínez Verdier

La sexualidad tiene dos finalidades básicas: la reproductiva y la placentera. Pocas veces en la vida, una persona decide -concientemente- efectivizar la primera finalidad. En esos casos, cuando ambas funciones se integran, suele sentirse una gran vivencia de plenitud personal.

Lo habitual es que durante varias décadas esa misma persona ejerza su sexualidad con otros objetivos: el recrearse, el dar y recibir afecto, el calmar ansiedades, o incluso ser un sujeto más de la sociedad de consumo sexual.

Hacia fines de milenio, la anticoncepción es reconocida de hecho por millones de seres humanos como necesaria y beneficiosa para una vida sexual plena y satisfactoria, así como también para decidir responsablemente el cuándo de su paternidad. Pero sabemos que es aún hoy objeto de resistencias y discusiones ideológico-religiosas.

Más allá de las circunstancias sociales que rodean al tema, las personas que decidan recurrir a ellos necesitan también saber cómo repercute cada uno de los métodos anticonceptivos en la sexualidad de la pareja y de cada uno de sus miembros.

Para llevar adelante una elección realmente efectiva tanto desde el punto de vista orgánico como psicológico y sexológico -a través del asesoramiento del médico especialista- es importante considerar costos, formas de uso y eficacia, así como también la personalidad de cada usuario y el tipo de relación de pareja.

Aunque podamos suponer que todos los métodos anticonceptivos "liberan" el comportamiento sexual, en realidad la toma particular de decisión es complicada ya que se ponen en juego conflictos en relación a la educación personal, así como temores, especialmente con respecto a la propia integridad y a la posibilidad de tener hijos en el futuro.

Habitualmente no se elige un método para toda la vida, sino que depende de cada etapa evolutiva del sujeto y de su pareja. Es fundamental conocer sus efectos para que, cada vez, la elección sea la más acertada para esa persona o pareja en ese momento vital particular.

Los efectos negativos o positivos sobre la sexualidad dependerán del método utilizado, de su grado de confiabilidad, del nivel de aceptación o rechazo individual o de la pareja y de la subjetividad personal de cada miembro, así como también de su interrelación.

En general, los métodos de mayor eficacia -pastillas, inyección mensual, dispositivo intrauterino- producen una sensación de naturalidad en los encuentros sexuales. Sin embargo, cuestiones religiosas o temores de ser dañada interiormente pueden influir negativamente.

Los métodos de barrera -preservativo masculino o femenino y diafragma- benefician la sexualidad si son aceptados psicológicamente. En cambio, si las personas sienten que les quitan espontaneidad, disminuyen la sensibilidad, o tienen alguna otra creencia sobre ellos, son rechazados.

Los métodos de menor eficacia -coito interrumpido y de los días infértiles- suelen condicionar el deseo y la respuesta sexual, produciendo un desajuste emocional individual y de la pareja.

 

Deteniéndonos en cada método en particular observamos que:

 

Los anticonceptivos orales o píldoras anticonceptivas necesitan de una usuaria con una personalidad metódica y ordenada para que su eficacia fisiológica pueda realizarse. En este sentido, las personalidades infantiles, melancólicas, las mujeres con algún grado de debilidad mental, y las adolescentes en general son una población poco confiable en cuanto a recordar su toma diaria. En determinadas mujeres la vivencia de naturalidad y libertad beneficia su vida sexual. Otras, pueden alterar su estabilidad emocional con sentimientos contradictorios con respecto a su sexualidad, por temor a un invasor interno que las ataca, incrementándose su ansiedad o depresión.

La inyección mensual de hormonas anticonceptivas crea sensación de naturalidad, no requiere de una mujer metódica y responsable para su uso, sin embargo -al igual que con la píldora y el dispositivo intrauterino- puede producir síntomasde alta ansiedad en mujeres con ideas hipocondríacas. Por los efectos secundarios ante la alta dosis hormonal suele ser desaconsejada para su uso.

El diafragma, aunque produce la vivencia casi natural del acto sexual, puede ser rechazado por su interferencia en la espontaneidad del encuentro o por las características de personalidad de los miembros de la pareja.

Es muy bien aceptado por aquellas mujeres que conocen su cuerpo y sus genitales y que llevan una vida sexual satisfactoria. En cambio, aquellas mujeres que se avergüenzan o sienten culpa o miedo por tocar sus genitales, no lo aceptan o se lo colocan mal involuntariamente.

Algunos hombres rechazan el diafragma por sentir que entran en contacto con un cuerpo extraño.

La esponja anticonceptiva es similar al diafragma en su uso, pero se desecha luego de usarla.

El dispositivo intrauterino produce efectos similares a la píldora. Es vivido con libertad y confianza, naturalizando el encuentro sexual o es rechazado por profundos sentimientos de culpa religiosos o por ser vivido como un cuerpo extraño que puede dañar interiormente. En estos casos puede suceder que la mujer lo expulse o manifieste síntomas secundarios a su uso -provocar dolor durante la penetración profunda o el orgasmo, entre otros-. Algunos hombres pueden percibir los hilos y sentirse molestos o descubrirse ansiosos ante él.

Las jaleas anticonceptivas y los óvulos anticonceptivos pueden ser rechazados por su asociación con la suciedad y el asco. Algunos hombres pueden molestarse por el exceso de lubricación vaginal e interferir en la práctica del sexo oral con naturalidad.

El coito interrumpido, además de su baja eficacia, impide el ajuste sexual de la pareja. La ansiedad y la tensión sexual no descargada pueden producir efectos emocionales negativos en ambos miembros de la pareja. Para el hombre, es una gran exigencia de control y para la mujer es una frustración ya que sus tiempos y ritmos están condicionados por el método.

Los métodos naturales (del ritmo o de los días no fértiles) condicionan el deseo sexual, pues las personas "deben" tener relaciones sexuales en determinadas fechas más allá de que tengan ganas o no; y viceversa, cuando el deseo aparece, no pueden dejarse llevar por él. Este método perturba el desarrollo normal de la vida sexual.

El preservativo masculino suele ser rechazado por la generación de personas que encontraron mayor comodidad en otros métodos. Pero, actualmente, más allá de la anticoncepción es indispensable como preventivo de enfermedades transmisibles sexualmente.

Las quejas habituales de que disminuye la sensibilidad, de que interfiere en la espontaneidad y en la erección están basadas en la no aceptación previa a su uso. No hay motivos orgánicos reales de perturbación y la espontaneidad puede ser vencida por la creatividad.

El preservativo femenino, poco utilizado aún en nuestro medio, suele ser rechazado por quitar naturalidad al encuentro, por vivencias antiestéticas y por disminuir la sensibilidad.

En este sentido es importante considerar que el rechazo de los métodos de barrera por considerar que quitan espontaneidad al encuentro, puede ser fácilmente resuelto si se los incorpora al juego sexual de la pareja. En vez de ser colocados a escondidas, ambos pueden participar para su colocación, con diversas conductas de estímulo erótico.

Para que las personas puedan expresar su deseo sexual con libertad necesitan descansar en un método confiable y tranquilizador elegido por y para ellos. A partir de allí su bienestar sexual dependerá de otros factores relacionados con su personalidad, su historia, sus modelos y mandatos, su sistema de valores y la relación general con su pareja.