EL CONTACTO CORPORAL Lic. Virginia Martínez Verdier

Habiendo llegado ya al año 2000, el derecho al placer sexual todavía no es un valor alcanzado por todos los seres humanos.

Sabemos acerca de las necesidades básicas insatisfechas de millones de personas, por ello, a veces, pensar en la capacidad de sentir placer, puede resultar hasta insultante. Sin embargo, una vida armónica incluye necesariamente la satisfacción de otras necesidades que -aunque no son básicas porque no morimos sin ellas- hacen a la calidad de vida y a la posibilidad de aprender y educar desde la alegría.

La sexualidad es mucho más que la expresión de la genitalidad. Aunque a todas las edades esta última esté presente, la necesidad de satisfacción a nivel corporal en general se torna imprescindible.

Obviamente, esta necesidad de contacto afectivo no es predominio de la especie humana. Basta observar cómo nuestras mascotas nos exigen caricias y mimos. La vida necesita energía vital para desarrollarse. Y el contacto corporal forma parte de esa energía.

El contacto físico es indispensable desde el nacimiento. Estudios realizados en hospitales demostraron que los bebés que recibían sólo un cuidado mecánico, sin afecto ni caricias, se deprimían e iban dejándose morir. Perdían las ganas y el sentido de vivir.

De hecho, muchos morían.

A lo largo de la vida, esa necesidad continúan sosteniéndose permanentemente. Tal vez los adultos carenciados de afecto no busquen la muerte pero su actitud puede ser desganada y perdida.

Los viejos suelen ser quienes padecen con mayor frecuencia la ausencia de contacto. Dejados a “la espera de la carroza”, en general no se piensa que todavía están vivos y con necesidades afectivo-corporales, que no son “viejos verdes” o “viejas locas” si las manifiestan. Muchas veces no lo hacen por vergüenza, temor o inhibición.

Algunas enfermedades cumplen con un beneficio para la persona, el ser atendida y cuidada. Las enfermedades de la piel, que requieren del pasado de cremas por el cuerpo son una buena excusa para recibir caricias sin ser rechazado o malinterpretado.

El permiso para dar y recibir placer, para acariciar y ser acariciado, para abrazar y ser abrazado, para escuchar y ser escuchado es un derecho más del ser humano.