Comunicacion sensual. Lic. Virginia Martínez Verdier

Luego del encuentro sexual, Mirta se queda callada, no se siente del todo bien, pero prefiere disimularlo y no decir nada. Para qué, ¿Rubén la va a entender?

Rubén suele ser silencioso, pero le gustaría que Mirta lo estimulara a hablar, que le preguntara o le dijera como se sintió haciendo el amor.

Los dos se quedan en silencio y el cansancio propio de las corridas del día los desconecta hasta la mañana siguiente.

Rubén y Mirta, como tantas otras parejas, van dejando pasar los días, van haciendo el amor con una frecuencia determinada, van dejando pasar los años. Durante todo ese tiempo entraron infinidad de veces en la mayor intimidad corporal que dos personas pueden tener, salvo el embarazo. Sin embargo, esas mismas parejas pueden no haber intimado nunca emocionalmente. Pueden no haber compartido nunca sus fantasías, sus necesidades, sus deseos, ni sus sentimientos acerca de lo que les pasa -sexualmente hablando y en la relación en general-.

Parece ser que resulta más fácil desnudar el cuerpo que el alma. Puede ser más fácil practicar diversas conductas sexuales durante un encuentro con la pareja, que expresar una conducta sexual fundamental para la armonía sexual y emocional: la comunicación.

Durante las relaciones sexuales se juegan diversos sentimientos, a veces gratos y a veces no tanto. Cuando estos últimos están presentes, el silencio en vez de enfrentar las situaciones que nos preocupan sólo logra una aparente solución, evitando el conflicto inmediato.

Sin embargo, el problema no se ha disuelto, sólo ha pasado a formar parte del paquete de situaciones sin resolver. Queda al acecho, y en el momento menos pensado vuelve a aparecer con nuevos bríos y, generalmente, a destiempo. Cuando el conflicto reaparece en el momento menos oportuno, suele incrementarse aún más y su solución se hace todavía más complicada.

Es necesario que las parejas aprendan a comunicarse. Es bueno no pretender adivinar lo que el otro quiere, sino preguntárselo; así como no esperar a que el otro adivine, sino decírselo. Probablemente, intentarlo lleve a un esfuerzo de voluntad. Igualmente sirve.

Propóngase un día y un lugar en particular fuera de su casa y de los lugares habituales. Asegúrese que estarán solos y no serán interrumpidos. Una confitería o una plaza pueden crear el clima necesario. Se encontrarán exclusivamente para hablar de ustedes y de su intimidad.

Tal vez produzca pudor, vergüenza, inseguridad, temor. "¿Qué va a pensar de mi?". “No va a querer”. “Va a pensar que estoy loca/o”. Aún así vale la pena.

Es cuestión de dar el puntapié inicial. Hable con honestidad, diríjase con respeto, con cuidado, con claridad, no haga reproches ni reclamos, no culpe. Decir "Yo necesito..." en lugar de "Vos no me das..." ayuda a que el otro baje la barrera y se acerque sin necesidad de tener que defenderse.

Invite a su pareja a un encuentro erótico especial, al encuentro de sus mentes y sus almas al hablar sobre la sexualidad compartida. Aún manifestando los sentimientos pudorosos y temerosos, la comunicación permitirá que paulatinamente la intimidad sexual de la pareja pueda ser realmente completa.