COMPATIBILIDAD SEXUAL Lic. Virginia Martínez Verdier

Tradicionalmente se habla de “compatibilidad o incompatibilidad sexual” como elementos que influyen en la armonía o no de la pareja. Suele considerarse que él es sexualmente de una determinada manera y ella de otra y que esas diferencias pueden ser insalvables. A la luz de los modernos conocimientos sexológicos podemos decir que esta antigüa idea algo de razón tiene, pero no tanto.

Para tratar de comprender qué le pasa a cada miembro de una pareja necesitamos remontarnos a la infancia. En nuestros primeros años de vida las personas vamos conformando nuestro mapa erótico personal. Las experiencias emocionales satisfactorias o traumáticas, el tipo de crianza, las características individuales de las personas siginificativas (padres, abuelos, hermanos mayores), van dando forma al mapa del amor. De acuerdo con esa estructura nuestro amante ideal deberá cumplir con determinadas características físicas y actitudinales. Así, nuestra manera particular de sentir placer quedará circunscripta a dar mayor importancia a determinados estímulos y no a otros para alcanzar la plenitud sexual.

La capacidad de enamorarse o sentirse sexualmente atraido por un tipo particular de persona está determinada por el mapa de amor que se estructuró en nuestra infancia. Sin embargo, puede suceder que en una misma pareja sus miembros no tengan ningún tipo de coincidencia entre sus mapas de amor, entre sus gustos, necesidades y deseos sexuales. Igualmente podemos pensar que no es habitual comprometerse permanentemente en un noviazgo con todos los que pasan por nuestras vidas, si llegaron a unirse como pareja es porque “algo” del otro los atrajo. En estos casos las diferencias son aparentes o mecanismos inconcientes se suporponen con las conductas o ideas manifiestas.

Los motivos que unen a las parejas son infinitos, entre ellos, los sexuales ocupan un lugar importante, y para muchos, fundamental. Para otros, la desexualización de la relación puede ser el atractivo que los mantiene unidos. Realizando una mirada sobre los mitos, prejuicios y creencias sexuales de cada miembro de la pareja, es posible encontrar valores sexuales comunes u opuestos que los atraen o separan. ¿Esas diferencias son definitivas? ¿Los mitos, prejuicios y creencias sobre lo que está bien o está mal en sexualidad, sobre lo que se espera del desenvolvimiento de cada sexo, sobre lo que es normal o anormal permanecen inalterables?

El desconocimiento sobre sexualidad, situación por la que pasan la mayoría de los seres humanos, también influye en el desencuentro. ¿La ignorancia sexual es permanente?

La forma personal de ser y sentir tiene raíces inamovibles pero también tiene otras que pueden “transplantarse”. Es decir, una persona puede replantearse sus actitudes, pensamientos y sentimientos sexuales y puede decidir modificarlos o no, aplicando su capacidad de reflexión, de autoconocimiento, de conciencia y voluntad de cambio. Algunos que decidan emprender este camino podrán hacerlo solos; otros necesitarán de un apoyo externo que los guíe o ayude a resolver el conflicto entre sus emociones y su razón.

Lo incompatible sexualmente no existe de por sí. Para evitarlo es necesario darse permiso para el placer, permiso para el aprendizaje, permiso para el conocimiento y para la elección de una ideología sexual personal en libertad, sin mandatos ni modelos impuestos familiar o culturalmente.

Es imprescindible que cada uno tome las banderas del encuentro en la pareja. Que no se conformen con los grises de la convivencia automatizada. Buscar los modos de intercambiar ideas, de comunicarse sin soberbia ni verdades absolutas, crear espacios para la intimidad mental de la pareja compartiendo pensamientos, fantasías, sentimientos colaborará para que, trabajosa pero satisfactoriamente, la compatibilidad sexual pueda ser posible.