COMO FUNCIONAMOS SEXUALMENTE. Lic. Virginia Martínez Verdier

Sexualmente hablando, los seres humanos nos diferenciamos de los animales en que nuestra sexualidad se caracteriza por desarrollar dos funciones independientes entre sí, una biológica o reproductiva y otra psicológica o placentera. Pocas veces en la vida ambas funciones se enlazan concientemente, pero ambas están siempre al servicio de la vida individual y social.

Es así que los seres humanos contamos con una manera propia de responder sexualmente, sólo diferenciada en las particularidades de la anatomía femenina o masculina.

En función de nuestro Mapa erógeno físico y mental personal, ante determinadas situaciones o estímulos nuestra respuesta sexual se pone en marcha.

 

La primera fase de la Respuesta Sexual Humana es el DESEO. Este es una fuerza que nos impulsa a buscar actividad sexual para satisfacerlo. Es las "ganas de", el apetito que surge espontáneamente ante determinados estímulos externos (un cuerpo desnudo, una música, caricias, aromas, sabores) y ante estímulos eróticos internos como las fantasías sexuales y los sentimientos.

El deseo está relacionado especialmente con aspectos emocionales y psicológicos. La única base fisiológica que lo sostiene es la testosterona (hormona del deseo).

Parece ser que varones y mujeres nos erotizamos con estímulos diferentes. Habitualmente se dice que las mujeres somos "tactiles" y que los varones son "visuales". Estas diferencias están sostenidas por los mandatos y modelos sociales a los que nos vemos sometidos, pero en realidad ambos sexos necesitamos ampliar nuestro espectro de percepción de estímulos sexuales -aprovechando que la naturaleza nos dotó de cinco sentidos- para enriquecernos y compartir una intimidad sexual más gratificante.

 

La segunda fase es la EXCITACION, que consiste en el aumento paulatino de la tensión sexual y que va acompañado de sensaciones placenteras y de cambios corporales (taquicardia, respiración entrecortada, enrojecimiento de la piel, erección de los pezones, etc.) y cambios genitales.

Durante la excitación se hace especialmente importante la expresión del juego sexual, ya que éste permite un goce sostenido. Cuanto mayor tiempo se dedica al juego sexual, más intenso y satisfactorio será el orgasmo.

Las mujeres somos fosiológicamente más lentas -entre 20 y 40 minutos- que los varones para excitarnos adecuadamente, ya que necesitamos que 500 ml de sangre lleguen a nuestros genitales. Los varones en cambio, necesitan entre 70 y 90 ml. La llegada de sangre produce congestión pelviana en las mujeres y erección del pene en los varones. En los tiempos para la excitación adecuada también influyen las situaciones externas, la relación de pareja, la educación, la personalidad y la historia personal.

 

La tercera fase es el ORGASMO, es el momento de culminación de las sensaciones placenteras y se manifiesta por las contracciones de los músculos que rodean los genitales masculinos y femeninos produciéndose la descarga de la tensión sexual acumulada, acción que es vivida como intensamente placentera.

Desde el punto de vista fiosiológico, el orgasmo se produce por las contracciones rítmicas de los músculos pélvicos (7 a 8 contracciones cada 0,8 segundos). El orgasmo es un reflejo, con un polo sensitivo (el glande del pene en el varón y el clítoris y el punto G en la mujer), y un polo motor (los músculos pélvicos).

Estos polos sensitivos deberán ser adecuadamente estimulados, con un ritmo, un tiempo y una presión particular para cada persona como para que el reflejo del orgasmo se dispare.

En el caso del varón, estas contracciones empujan el semen hacia fuera y determinan la eyaculación. En la mujer, las contracciones se perciben en la vagina como latidos.

Las mujeres tenemos la capacidad de tener varios orgasmos en una misma relación sexual (multiorgasmia), aunque algunas se sienten satisfechas con un solo orgasmo intenso y sostenido (monorgasmia). Un estilo no es mejor que otro, cada mujer sabe si quedó satisfecha o desea continuar siendo estimulada para lograr nuevos orgasmos.

Los varones con una sexualidad madura logran controlar su eyaculación y decidir cuándo tener su orgasmo. Una vez acaecido éste, transcurren por un período llamado refractario, en el cual, aunque sean estimulados no podrán volver a eyacular (algunos hombres sí pueden tener otra erección). La duración del período refractario dependerá de la edad del varón (pocos minutos a los 20 años o varios días a los 70) y del estímulo erótico que lo acompaña.

La posibilidad masculina de controlar la eyaculación, manteniendo una erección prolongada -aunque puede pasar que la pierda momentáneamente y luego la recupere- permite a la pareja armonizar diferentes tiempos de excitación de ambos sexos. En los varones no es un sacrificio tener que esperar a su mujer, sino que su excitación aumenta con la espera.

 

La última fase es la RESOLUCION, en la cual, lentamente, nuestro organismo regresa a una situación de distensión.

 

Si no fuéramos humanos, estas fases de la respuesta sexual transcurrirían automáticamente. Pero en realidad el órgano sexual por excelencia es el cerebro, ya que él accede o bloquea nuestros deseos y sensaciones. A veces nuestras emociones nos juegan en contra y alguna de las fases está alterada. Que una persona se sienta o no satisfecha con su desempeño sexual dependerá de la situación particular, de la duración y de la frecuencia de la alteración en su respuesta sexual.

Así volvemos a la cultura. Según cómo hayamos sido educados y cuál sea nuestro sistema de valores sexuales, acorde a cuáles hayan sido nuestras experiencias con la sexualidad desde pequeños, de acuerdo a cómo sea nuetra relación de pareja, nos permitiremos o no ser plenamente sexuales y disfrutar de ello.