A SOLAS.... Lic. Virginia Martínez Verdier )

Probablemente si el título de esta nota fuera "Masturbación" resultaría chocante y antiestético. La palabra, según el diccionario significa "procurarse solitariamente goce sexual". Aunque figura en el diccionario, su sonido aún continúa resonando como un insulto.

La autoestimulación es una conducta más dentro del espectro de conductas sexuales habituales en las personas.

El bebé descubre que tocar determinadas zonas de su propio cuerpo le despiertan un placer especial, por lo cual, cada vez que pueda reiterará la conducta. Durante la infancia, los límites impuestos por la cultura a través de padres y maestros, enseñan al niño el significado que los adultos le dan a su estimulación genital. Generalmente es reprimida con amenazas o castigos reales o con retos más sutiles.

Para que el niño se adapte a las normas sociales necesita saber que existen conductas impropias (el robo, el engaño, la violencia, etc.), así como otras están reservadas a la intimidad y lo impropio es hacerlas públicas (ir al baño, masturbarse).

Existe una diferencia cualitativa entre enseñar que "eso no se hace" y que "eso no se hace en público". El primer mensaje hace referencia a lo incorrecto del estímulo mismo, el segundo se refiere a lo incorrecto de exhibir la intimidad ante otros.

La educación sexual recibida en la infancia marca la vivencia personal de la sexualidad adulta. Muchas veces, las contradicciones entre la fuerza de los impulsos y la fuerza de los mandatos crea conflictos e inestabilidad en los vínculos afectivos.

En la adolescencia, la masturbación es un importante aliado para el desarrollo de la identidad sexual. Permite descargar las tensiones y ansiedades propias por los cambios de esa edad, así como conocer el funcionamiento del propio cuerpo. Lo ideal es ejercitara sin culpa y sin miedo. También permite retrasar el inicio de las relaciones sexuales coitales hasta que puedan realizarse conciente y responsablemente.

La masturbación suele tener mala fama, tanto en el extremo que prohibe la sexualidad placentera, como en el que la promueve consumistamente. "Buscáte una mujer" suele ser la frase habitual.

Las personas más evolucionadas con respecto a su ideología sexual aceptan como natural la masturbación en la infancia y en la adolescencia. Sin embargo, muchos la restringen a esas edades, considerando que cuando se es adulto lo normal es tener relaciones sexuales con otro. Podríamos afirmar que eso es lo esperable, pero no siempre es lo posible. Por otro lado, no son actitudes incompatibles.

En sexualidad es dificil determinar qué es lo normal, ya que depende fundamentalmente de los momentos históricos en que cada sociedad fija sus normas y valores. Pero podemos asegurar que lo aceptable sexualmente es cualquier conducta que sea consentida, que no produzca daño físico o psíquico y que no incluya menores de edad.

En ese sentido, la masturbación cumple con esos requisitos si la persona se da permiso de llevarla a cabo, es decir, si no se siente culpable o enferma por ello. Un joven paciente, sin pareja, me dijo preocupado "Tengo necesidad de masturbarme muy seguido". La frecuencia era día por medio, ésta es una frecuencia habitual en cuanto a la aparición del deseo sexual. ¿Podemos considerar anormal esa frecuencia?

Aunque hasta aquí hemos reflexionado sobre los aspectos positivos y evolutivos de la autoestimulación genital; es importante considerar que existe la "masturbación compulsiva" como un síntoma emocional. En ese caso, la persona necesita imperiosamente masturbarse varias veces en el día, en cualquier lugar y circunstancia. Esa conducta no está incentivada por la necesidad de placer sino por una ansiedad destructiva. La masturbación se convierte en estos casos, en una forma de adicción, que sólo aplaca la angustia momentáneamente hasta que vuelva a sentirse el vacío. El sujeto no puede conectarse con su vida cotidiana, ni crecer, ni relacionarse con los demás.

La masturbación suele ir ligada a fantasías que estimulan el propio erotismo, por lo cual aunque la persona está "a solas", no lo está en su mente ni en su imaginación. Siempre somos sexuales en relación a alguien, porque somos humanos y aunque nacemos y morimos solos, nos constituimos como personas en el vínculo con los demás.

El conocimiento del funcionamiento de los propios genitales permite una vida sexual compartida más satisfactoria. En ese sentido, no será necesario esperar a que nuestra pareja descubra nuestros puntos "débiles", podremos decírselo porque ya lo descubrimos por nosotros mismos.