Adolescencia Tantos cambios
se producen, casi minuto a minuto durante varios años, que el camino muchas
veces se hace dificil y complicado.
Entre
esos cambios, la sexualidad es una preocupación fundamental, ya que la puesta
en marcha del reloj biológico de la maduración sexual, es decir, adquirir la
capacidad reproductiva, tiñe todas las modificaciones -físicas, emocionales y
sociales- que terminarán conduciendo al niño hacia su juventud, identidad e
independencia.
La adolescencia temprana (13/14 a
15 años) es un período de transición. Los cambios biológicos de la
pubertad (la adquisición de la capacidad reproductiva y el crecimiento físico)
comienzan a determinar un elevado aumento del deseo sexual. Este genera a su
vez, en el flamante adolescente, una actitud negativa o positiva con respecto a
su cuerpo y a las normas morales de la sociedad que los culpabiliza.
El adolescente lucha con los sentimientos contradictorios entre sus
necesidades que se le imponen, y "lo que se debe". Lentamente elige
sus propias normas, leyes y valores, independientemente de la autoridad paterna.
La
manera adolescente de sentir y expresar la propia sexualidad dependerá de su
personalidad, de las experiencias infantiles, de las actitudes familiares y de
la sociedad en la que vive. Algunos reprimen totalmente sus emociones; otros
manifiestan sus sentimientos sólo a través de las fantasías; otros buscan el
contacto con el otro sexo.
Las actividades sexuales que desarrollan pueden ser
autoeróticas,
juegos sexuales compartidos o el acto sexual coital.
Una preocupación habitual del adolescente es saber cuando
"debe" iniciar su vida sexual activa.
La masturbación
o autoerotismo suele ser vivida con culpa por el adolescente. Esta culpa parte
de dos vertientes opuestas: por remitirlo a una conducta prohibida y vergonzosa
o por ser considerado infantil en vez de satisfacer sus necesidades con una
persona. Las pautas culturales suelen determinar que la masturbación sea más
habitual en los varones que en las mujeres adolescentes.
En realidad, la masturbación es una conducta sexual positiva en varios sentidos: permite conocer el funcionamiento y las sensaciones del propio cuerpo, lo cual será favorable para que sus encuentros sexuales adultos sean satisfactorios; ayuda a descargar las ansiedades y angustias comunes de esta etapa del desarrollo; así como a distanciar la necesidad de comenzar el ejercicio de una actividad sexual para la cual puede no estar aún emocionalmente maduro.
La genitalidad se instala definitivamente como zona
predominante de satisfacción sexual. Los impulsos -sexuales y agresivos-
estimulados por los cambios hormonales suelen descolocar a los adolescentes
quienes sienten que no pueden controlarlos.
Una manera de defenderse de esos impulsos es volver
a tener conductas infantiles conocidas: comer mucho o hacer dietas, constipación,
desprolijidad, suciedad, orden o limpieza exageradas, etc.
La polaridad entre ser activo o pasivo (salir todo
el día o quedarse en la habitación sin hacer nada) y los sentimientos
contradictorios actúan fuertemente, lo cual determina fluctuaciones en su
estado de ánimo, cambios en sus conductas y en su capacidad de ver la realidad.
Un mismo adolescente puede ser rebelde y sumiso,
sociable y aislado, torpe y sensible, interesado e indiferente, prolijo y
desprolijo, egoísta y solidario. Estas polaridades en las conductas nos
muestran que los cambios psicológicos que se van produciendo no son
definitivos.
Durante la adolescencia, él deberá lograr la
renuncia a la dependencia de sus padres y la búsqueda de una relación afectiva
externa. Este proceso atraviesa por diferentes momentos hasta poder establecer
relaciones parentales y extrafamiliares maduras. Mientras tanto, van sucediéndose
intensas situaciones de tensión, ansiedad, angustia y síntomas físicos
diversos relacionados con la ansiedad.
En el varón, la
primera búsqueda hacia el afuera está puesta en el amigo del mismo sexo,
estableciendo relaciones idealizadas de complementación recíproca. Los
adolescentes aprenden a ser varones desde los juegos sexuales o las charlas íntimas
que les permiten identificarse con
su mismo sexo.
Las mujeres también
dan gran importancia a las amistades, pero con cualquiera de los dos sexos. El
riesgo a esta edad es que la necesidad de parecerse a alguna amiga idealizada,
empuje a la adolescente a relaciones sexuales prematuras. Las amistades, los
enamoramientos, el estudio, los deportes, las fantasías protegen a la
adolescente de conductas sexuales impulsivas.
En
la adolescencia propiamente dicha (15 a 18 años) los cambios son
decisivos, la vida emocional más intensa y profunda. Los adolescentes realizan
el camino desde el "Quién soy yo?" hacia el "Este soy yo".
Aunque las relaciones amorosas van definiéndose
paulatinamente hacia la elección del sexo opuesto, aún estos vínculos no son
maduros. Su permanencia produce que la energía sexual autoerótica pase a
satisfacerse en el vínculo con el otro. La intensa ansiedad lleva a esta edad a
desarrollar "hambre" de cosas y personas. La incorporación exagerada
de alimentos o la impulsividad en el cambio indiscriminado de relaciones con los
otros -los otros no son vividos como personas sino como objetos de necesidad
para descarga de ansiedades- va cediendo
a medida
que se define la identidad sexual.
Para poder
desprenderse definitivamente de los padres de la infancia, los adolescentes
suelen recurrir a actitudes de soberbia, arrogancia y rebeldía, desafiando las
normas paternas. Este es un período de transición que finaliza con el
desprendimiento. A esta edad la energía sexual posibilita un desarrollo
importante de la creatividad y la fantasía, así como la hipersensibilidad de
los sentidos. El escribir un diario íntimo permite canalizar ansiedades,
conectar las fantasías con la realidad e inhibir las actuaciones sexuales o
agresivas. También la intelectualización y el ascetismo son modos de
canalización de la tensión.
Dos
sentimientos son predominantes: la tristeza por el desprendimiento de los padres
de la infancia y el estar enamorado. Este enamoramiento es básicamente tierno y
romántico además de una fuente de satisfacción sexual.
Por momentos puede provocar el temor de crear una nueva dependencia y
sometimiento emocional. La persona destinataria de este primer amor suele tener
aspectos semejantes o francamente diferentes a alguno de los padres.