ADOLESCENCIA: EL DESPERTAR SEXUAL. Lic. Virginia Martínez Verdier

 

              Adolescencia  Tantos cambios se producen, casi minuto a minuto durante varios años, que el camino muchas veces se hace dificil y complicado.

      Entre esos cambios, la sexualidad es una preocupación fundamental, ya que la puesta en marcha del reloj biológico de la maduración sexual, es decir, adquirir la capacidad reproductiva, tiñe todas las modificaciones -físicas, emocionales y sociales- que terminarán conduciendo al niño hacia su juventud, identidad e independencia.

 

              La adolescencia temprana (13/14 a 15 años) es un período de transición. Los cambios biológicos de la pubertad (la adquisición de la capacidad reproductiva y el crecimiento físico) comienzan a determinar un elevado aumento del deseo sexual. Este genera a su vez, en el flamante adolescente, una actitud negativa o positiva con respecto a su cuerpo y a las normas morales de la sociedad que los culpabiliza.  El adolescente lucha con los sentimientos contradictorios entre sus necesidades que se le imponen, y "lo que se debe". Lentamente elige sus propias normas, leyes y valores, independientemente de la autoridad paterna.

     La manera adolescente de sentir y expresar la propia sexualidad dependerá de su personalidad, de las experiencias infantiles, de las actitudes familiares y de la sociedad en la que vive. Algunos reprimen totalmente sus emociones; otros manifiestan sus sentimientos sólo a través de las fantasías; otros buscan el contacto con el otro sexo.

                  Las actividades sexuales que desarrollan pueden ser autoeróticas, juegos sexuales compartidos o el acto sexual coital.  Una preocupación habitual del adolescente es saber cuando "debe" iniciar su vida sexual activa.

                  La masturbación o autoerotismo suele ser vivida con culpa por el adolescente. Esta culpa parte de dos vertientes opuestas: por remitirlo a una conducta prohibida y vergonzosa o por ser considerado infantil en vez de satisfacer sus necesidades con una persona. Las pautas culturales suelen determinar que la masturbación sea más habitual en los varones que en las mujeres adolescentes.

                  En realidad, la masturbación es una conducta sexual positiva en varios sentidos: permite conocer el funcionamiento y las sensaciones del propio cuerpo, lo cual será favorable para que sus encuentros sexuales adultos sean satisfactorios; ayuda a descargar las ansiedades y angustias comunes de esta etapa del desarrollo; así como a distanciar la necesidad de comenzar el ejercicio de una actividad sexual para la cual puede no estar aún emocionalmente maduro.

                  La genitalidad se instala definitivamente como zona predominante de satisfacción sexual. Los impulsos -sexuales y agresivos- estimulados por los cambios hormonales suelen descolocar a los adolescentes quienes sienten que no pueden controlarlos.

                 Una manera de defenderse de esos impulsos es volver a tener conductas infantiles conocidas: comer mucho o hacer dietas, constipación, desprolijidad, suciedad, orden o limpieza exageradas, etc.

                  La polaridad entre ser activo o pasivo (salir todo el día o quedarse en la habitación sin hacer nada) y los sentimientos contradictorios actúan fuertemente, lo cual determina fluctuaciones en su estado de ánimo, cambios en sus conductas y en su capacidad de ver la realidad.

                  Un mismo adolescente puede ser rebelde y sumiso, sociable y aislado, torpe y sensible, interesado e indiferente, prolijo y desprolijo, egoísta y solidario. Estas polaridades en las conductas nos muestran que los cambios psicológicos que se van produciendo no son definitivos.

                  Durante la adolescencia, él deberá lograr la renuncia a la dependencia de sus padres y la búsqueda de una relación afectiva externa. Este proceso atraviesa por diferentes momentos hasta poder establecer relaciones parentales y extrafamiliares maduras. Mientras tanto, van sucediéndose intensas situaciones de tensión, ansiedad, angustia y síntomas físicos diversos relacionados con la ansiedad.

                 En el varón, la primera búsqueda hacia el afuera está puesta en el amigo del mismo sexo, estableciendo relaciones idealizadas de complementación recíproca. Los adolescentes aprenden a ser varones desde los juegos sexuales o las charlas íntimas que les permiten  identificarse con su mismo sexo.

                 Las mujeres también dan gran importancia a las amistades, pero con cualquiera de los dos sexos. El riesgo a esta edad es que la necesidad de parecerse a alguna amiga idealizada, empuje a la adolescente a relaciones sexuales prematuras. Las amistades, los enamoramientos, el estudio, los deportes, las fantasías protegen a la adolescente de conductas sexuales impulsivas.

 

               En la adolescencia propiamente dicha (15 a 18 años) los cambios son decisivos, la vida emocional más intensa y profunda. Los adolescentes realizan el camino desde el "Quién soy yo?" hacia el "Este soy yo".

                           Aunque las relaciones amorosas van definiéndose paulatinamente hacia la elección del sexo opuesto, aún estos vínculos no son maduros. Su permanencia produce que la energía sexual autoerótica pase a satisfacerse en el vínculo con el otro. La intensa ansiedad lleva a esta edad a desarrollar "hambre" de cosas y personas. La incorporación exagerada de alimentos o la impulsividad en el cambio indiscriminado de relaciones con los otros -los otros no son vividos como personas sino como objetos de necesidad para descarga de ansiedades- va cediendo

a medida que se define la identidad sexual.

                          Para poder desprenderse definitivamente de los padres de la infancia, los adolescentes suelen recurrir a actitudes de soberbia, arrogancia y rebeldía, desafiando las normas paternas. Este es un período de transición que finaliza con el desprendimiento. A esta edad la energía sexual posibilita un desarrollo importante de la creatividad y la fantasía, así como la hipersensibilidad de los sentidos. El escribir un diario íntimo permite canalizar ansiedades, conectar las fantasías con la realidad e inhibir las actuaciones sexuales o agresivas. También la intelectualización y el ascetismo son modos de canalización de la tensión.

                                  Dos sentimientos son predominantes: la tristeza por el desprendimiento de los padres de la infancia y el estar enamorado. Este enamoramiento es básicamente tierno y romántico además de una fuente de satisfacción sexual.  Por momentos puede provocar el temor de crear una nueva dependencia y sometimiento emocional. La persona destinataria de este primer amor suele tener aspectos semejantes o francamente diferentes a alguno de los padres.

                       Las necesidades sexuales de los adolescentes son un hecho. Actualmente la edad de inicio de la vida sexual activa de ambos sexos promedia los 16 a 17 años. Las diferencias de maduración entre la edad biológica y la edad psicoemocional ocasionan que el deseo sexual no acompañado por la posibilidad de reflexión y toma de conciencia de los riesgos existentes, exponga a los adolescentes a enfermedades transmisibles sexualmente y a embarazos no deseados.