¿Verdes y locas?  Lic. Virginia Martínez Verdier

 

            "La vejez no viene sola" suele decir el refrán popular. Y es cierto, la acompañan nuevas maneras de adaptarse a los cambios. Los viejos ven que su cuerpo va siendo paulatinamente distinto, así como también va funcionando diferente. En algunos casos, además, funciona mal y requiere de ayuda médica.

            También su manera de ser y de relacionarse con los demás va cambiando. Algunos se retiran a "esperar la carroza". Otros buscan continuar o comenzar a disfrutar de la vida. Paseos, bailes, viajes, juegos vuelven a conectarlos con el placer y la alegría.

            Viejos verdes y viejas locas suele decirse despectivamente cuando esos viejos continúan siendo y sientiéndose sexuales, cuando se encuentran y enamoran, cuando desean y se sienten deseados, cuando se ilusionan. Simplemente, cuando sienten.

            Sin son verdes y locas ¿Los buenos son los otros, los que dejan de sentir?

A cualquier edad la vida de toda persona está atravesada y condicionada por prejuicios y creencias propios, de su familia y de la sociedad en la que vive. Las normas sociales establecen qué es lo normal y esperable para cada etapa. En la vejez, las prohiciones sexuales están tan arraigadas que no someterse a ellas coloca a los ancianos en un lugar marginal.

Se espera de ellos que se dediquen a cuidar a sus nietos o a realizar visitas familiares o a quedarse pasivos ante la vida. Suele creerse que los viejos vuelven a ser niños, que no tienen responsabilidad por sus actos y que deben ser protegidos a tal punto que no se les deja decidir por si y para si mismos.

            La necesidad de contacto y de intercambio afectivo con otro continúa presente durante toda la vida. Los viejos suelen ser quienes padecen con mayor frecuencia la ausencia de contacto. Carenciados de afecto  su actitud puede ser desganada y perdida. En general no se piensa que todavía están vivos y con necesidades que muchas veces no manifiestan por vergüenza, temor o inhibición.

            A veces las enfermedades cumplen con el beneficio de ser atendidos y cuidados. Las enfermedades de la piel, que requieren del pasado de cremas por el cuerpo son una buena excusa para recibir caricias sin ser rechazados o malinterpretados.

            Poder elegir la manera de vivir. Darse permiso para ser libres. Encontrar el sentido de la vida. Disfrutar de cada momento como si fuera el último. Sencillamente, como dice la canción: HONRAR LA VIDA.

            ¿Qué tipo de vida queremos para  nuestros padres, para nosotros y para nuestros hijos cuando sean viejos?