6 A 9 AÑOS. DEL PUDOR AL SECRETO. Lic. Virginia Martínez Verdier

Los 6 años de edad marcan el inicio de una nueva etapa en la vida de los chicos, fundamentalmente a través de la vida escolar.
Comienzan lentamente a reafirmarse como seres independientes de mamá y papá, con gustos y necesidades propias. Por un tiempo, la rebeldía y el desenfado de los años anteriores quedarán suspendidos para dar lugar al aprendizaje de contenidos teóricos y de normas sociales.
Los niños de estas edades son pudorosos y comienzan a buscar su intimidad. No quieren que los vean cuando van al baño, quieren bañarse o cambiarse solos. Se esconden para manifestarse sexualmente, a solas o con sus compañeros. Ya no se exhiben públicamente como antes.
Las actividades compartidas con otros niños suelen realizarlas con tensión, risas y bromas. Es la época de los secretos, los chistes "verdes", las charlas con doble sentido. Así tratan de escapar a las normas fijadas por los adultos, y eso les da mucho placer.
Ya aprendieron que ser varón o mujer es una condición permanente que no depende de la ropa, los adornos o la profesión ejercida. A esta edad los varones suelen tener un papel sexual más estereotipado y rígido que las nenas; ellas aceptan mejor los juegos de los niños que viceversa.
Comienzan a formarse los grupos con afinidades. La amistad entre ellos pasa a ocupar un lugar importante. Los adultos son dejados afuera.
La curiosidad continúa presente. El deseo de saber les permite aprender y conocer el mundo que los rodea. La actitud investigadora también se manifiesta en el tema sexual. Desean saber qué es la menstruación, cómo se tienen los hijos, qué es el embarazo, cómo es el parto y cómo fueron su embarazo y su parto.
Hacia los 8 años comienzan a ensayar una pareja, a veces estable, y a veces sucesivas. Suelen estar preocupados por la atracción que generan sobre los demás, si gustan o son rechazados, si son lindos o feos. Estas experiencias pueden crear expectativas y sufrimientos.
A través de los padres, otros adultos, los compañeros y los medios de comunicación masivos la sociedad refuerza permanentemente los modelos que cada sexo debe seguir.
Un entorno receptivo, continente y permisivo puede ayudar a que los chicos desarrollen una imagen propia valorada. Un entorno prohibitivo y descalificador, puede fijar imágenes denigradas, inhibiendo la adquisición de recursos sociales e intelectuales y empobreciendo su autoestima.
Los chicos necesitan que los cuidemos, respetemos, aconsejemos, y enseñemos los límites entre lo saludable y lo negativo para su crecimiento. Para que podamos educarlos en ese sentido, es necesario que los adultos nos replanteemos nuestra actitud ante la sexualidad y sus consecuencias positivas y negativas.
Es necesario diferenciar los juegos sexuales entre chicos de la misma edad del abuso realizado por personas con más de 5 años de diferencia con ellos. La familia debe estar alerta para instruir a los chicos acerca del cuidado de su cuerpo y de qué implica el tocar y ser tocado, por quién, cómo y qué partes corporales.
Los juegos sexuales entre pares les enseñan a conocerse así mismos y a practicar maneras de relación que realizarán efectivamente después de la adolescencia.
En cambio el abuso sexual los acerca tempranamente al mundo adulto, dejando marcas indelebles que trastorna las vidas presente y futura de cada niño. Ellos deben aprender a defenderse. Nosotros, los padres y adultos cercanos, debemos enseñarles cómo hacerlo.
En esa enseñanza los adultos recorremos un límite difuso y complicado. ¿Cómo educar sexualmente desde el permiso saludable y positivo sin caer en el "todo vale"? ¿Cómo educar sexualmente desde el cuidado y el respeto del propio cuerpo sin caer en la prohibición negativa e inhibidora?